Oujia Xirivella. / EPDAResulta inevitable mencionar al popular tablero de la ouija por estas fechas. Tan popular como temido, hunde sus raíces en tradiciones muy antiguas. Aunque su versión moderna nació en Estados Unidos a finales del siglo XIX, bajo el auge del espiritismo impulsado por las hermanas Fox, existen precedentes milenarios. En la Grecia pitagórica se usaban tablillas para recibir mensajes del “mundo invisible”, y en la China de la dinastía Zhou (1200 a. C.) se practicaba el fuji, una escritura espiritual con una varilla guiada por los espíritus, pero sin el temor contemporáneo a invocar lo prohibido. El cristianismo medieval transformó esa curiosidad en herejía: hablar con los muertos pasó a ser sinónimo de invocar al demonio. El cristianismo, sin embargo, condena toda comunicación con los muertos, aunque paradójicamente promueve la oración a santos y mártires. ¿Dónde está el límite entre lo sagrado y lo profano?
Creer o no en la ouija depende de la fe en el mundo espiritual. Y destaca uno de los casos más comentados en tierras valencianas: la ouija de Xirivella.
Todo comienza en junio de 1990, cuando en una vivienda de Xirivella comienzan a producirse hechos extraños. Raúl, estudiante de la Escuela Antonio Machado, había practicado la ouija con varios compañeros. Su profesor de tecnología, escéptico, les cedió una chapa del taller para grabar letras y números, usando un vaso como puntero. Tras varios intentos, el vaso se movió con brusquedad y dejó un mensaje inquietante, la entidad se presentó como Satanás. Poco después, Raúl y su madre, Manuela Ledo, comenzaron en su casa a escuchar golpes, pasos y a ver objetos moverse solos. Los juguetes parecían animarse y del techo caían gotas de agua que desaparecían al tocar el suelo. Los fenómenos alcanzaron su punto álgido la madrugada del 16 de junio de 1999. Manuela relató:
«Eran las doce y media cuando unos golpes de fuerza descomunal hicieron temblar las camas y las figuritas de las estanterías».
El 19 de junio, la Policía Local de Xirivella acudió al domicilio y redactó un parte describiendo «golpes repetidos sin causa lógica, un caso desconcertante». Al día siguiente, periodistas de Punt de Mira (Canal 9, que nunca mostraron unos supuestos vídeos de los fenómenos) y una médium que presenciaron fenómenos inexplicables. En plena vorágine mediática apareció Tristánbraker, extravagante personaje televisivo autoproclamado «cazafantasmas», cuya visita añadió espectáculo sin aportar soluciones. Curiosamente, el 21 de junio de 1999, los fenómenos cesaron sin explicación.
¿Farsa, sugestión colectiva o auténtico poltergeist? El misterio de Xirivella persiste, recordándonos que, a veces, el afán humano por comunicarse con el más allá puede terminar abriendo puertas que no siempre sabemos cerrar.
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