PAULA GARCÍA
Como la vida misma: The Farewell, película basada en mentiras reales
Periodista
- 08/12/2019
Paula García
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Paula García

Esta semana tuve el placer de poder visualizar la película The Farewell, un filme de la joven directora estadounidense Lulu Wang. Sencilla obra maestra que relata en de forma impecable la "conspiración del silencio" ante la enfermedad grave y mortal de la matriarca de una familia china.

Ante la impactante noticia de una muerte inminente de la matriarca del clan familiar que reside en China, los familiares deciden acudir en consenso acudir a China para estar con la anciana enferma disfrazando esta visita en otro evento que nada tiene que ver con la realidad. Para eso existen las excusas. Y esta película es un claro ejemplo del silencio ante la muerte.

Para muchas culturas, incluida la nuestra occidental, la acción de no decir la verdad a un familiar que va a morirse, dejando a la moribunda sin saber la auténtica realidad, forma parte de su comportamiento. La familia elabora un "complot" para evitar lo que mucho califican de mejor que el paciente no sepa la verdad sobre su patología arrancándola de la posibilidad de poder tomar la decisión de qué hacer ante una muerte asegurada. Y todo lo que ello conlleva. El silencio es terriblemente sonoro en esta película coral que de forma totalmente doméstica trata el tema.

Es común que muchos familiares de personas que van a morir, familiares en este caso, callen la verdad ante el enfermo para lo que consideran "es mejor así, que no sepa que se va a morir". Actitud que condena al paciente a la mentira y por ende no poder despedirse de sus familiares de forma digna, justa y valiente. 

Muchas familias deciden esto para tratar de evitar más que el sufrimiento de la persona que se muere el egoísmo propio ante el miedo de una realidad. Y lo llamo egoísmo porque me parece que no es justo que una persona moribunda no sepa que se va a morir, que no tenga el "derecho" a saber que sus horas están contadas.

Lo que lleva a no poder despedirse de sus seres queridos y aprovechar al máximo el tiempo que le queda antes de fallecer. Esta práctica esta totalmente vigente y, desde mi punto de vista, es un craso error. El derecho de toda persona enferma que tiene la respiraciones contadas es saber la verdad ante una situación tan dramática como es la muerte. 

Es una opinión personal, por supuesto y creo que es injusta. Esconder el miedo de que los propios familiares sufren en silencio les conduce a esta decisión, más por el paciente que por ellos mismo: el miedo es poderoso y la tristeza ante la muerte también. No todo el mundo está preparado para saber y comunicar esta noticia que desde mi punto de vista es injusto.

Los familiares (e incluyo a los facultativos de la medicina) deberían informar a la familia de la realidad para que ellos mismo consideren qué hacer ante la gravedad de los hechos. Es una elección libre, no cabe duda. Egoísta y poco racional por mi parte: "mejor que no lo sepa, así tenga una muerte sin dolor emocional que implica ser consciente de la realidad". Craso error. Considero que toda persona tiene el derecho, y repito, el derecho a saber su condición médica, por muy grave que ésta sea. Esto da opciones al paciente que a su buen criterio decidirá como afrontar la realidad.

Lulu Wang relata de forma plena esta mentira "blanca". No contar la verdad para disfrazarla de mentira y da en la diana.

La cultura china, y me baso en hechos reales que he podido experimentar por convivir muy de cerca con una familia asiática por motivos personales, me ha ofrecido la visión de esta forma de actuar, entre otras muchas cosas de la cultura china que siento como propia. Mientras vivía en Los Estados Unidos mi familia asiática, (los denomino así porque aunque soy mediterránea, ellos forman parte de mi familia estadounidense "de adopción") experimenté de cerca tradiciones de la chica que Lulu Wang relata, no únicamente la conspiración del silencio.

En este caso la familia americana fue valiente ante la decisión. De origen chino pero nacionalizados norteamericanos y con descendencia americana, tomaron la decisión, desde mi punto de vista: decir la verdad, contar la verdad, por muy dura que ésta sea. No hubo egoísmo por su parte, sino compasión, afecto infinito y amor por la persona que falleció.

El The Farewell (que podía traducirse como el "adiós" en este caso") pivota entre la pura cultura occidental y la asiática. La joven de la familia que vive en Nueva York con su familia descubre la terrible realidad y ante esta realidad discrepa ante su familia. Pero más allá de eso, la sutileza de Wang nos transporta ante la frustración de esta joven de no poder contar la verdad, ante la impotencia de no poder despedirse en condiciones de su ser más querido: su abuela. Decisión familiar que le impide hablar, actuar y consecuentemente vivir el dolor y duelo de una despedida ante la muerte.

La joven neoyorquina vive las dos realidades, la occidental que, dado que llegó a Los Estados Unidos siendo niña y la realidad de ser parte de una clan oriental donde las reglas funcionan de otra manera. Ella quiere poder despedirse de su abuela, pero por orden impuesta no puede hacerlo más que de manera sutil, saltándose algunas de las normas de su familia. La tristeza es patente, pero también la comedia está presente.

Lulu Wang, la directora americana, de intensa vida cinematográfica a sus espaldas hila fino. No da puntada sin hilo y eso es lo que hace de este filme una película muy especial. Tal vez los occidentales no podamos llegar a comprender la magnitud que en ella se relata. Pero si entendemos la conspiración silenciosa ante la muerte o una patología grave de un familiar: un cáncer mortal.

No dejen de pasar la oportunidad de verla: las mentiras reales están a la orden del día. Tal vez eso permite replantear al espectador o a las personas que viven esta realidad que siempre es mejor una verdad a tiempo que una mentira para cuando ya es demasiado tarde.

Este escrito está dedicado a especialmente a uno de mis familiares de origen chino que sí que supo que se iba a morir, dando pie a poder fallecer dignamente. No revelaré la identidad por respeto a sus familiares. Esa mano dulce de mi amiga que me dio poco antes de morir y esa sonrisa cómplice de que todo estaba perdido excepto el saber la verdad. Esa mirada y esa sonrisa amable y cálida nunca la olvidaré. Pude despedirme de ella.

La verdad siempre es más potente que la más elaborada de las mentiras.