MARIO MOLLÀ
Eros o Thanatos. La derecha no constitucional
Vicesecretario de Ocupación, Promoción Económica y Relaciones con los Sindicatos de la CEC PSPV-PSOE - 13/02/2020

Desde que se acuñara anecdóticamente el término en la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución francesa para designar a aquellos que defendieron mantener el poder absoluto del monarca, frente a quienes respaldaron la soberanía nacional, la Derecha política ha quedado asociada en lo sucesivo con "aquellos que se oponen al cambio político y social" o si se prefiere el modo positivo, la preferencia por la "defensa de la tradición y el mantenimiento del estatus social".

Ante un orden mundial incierto, pero definitivamente abierto hacia valores como la igualdad, la solidaridad o la justicia, a la derecha española aún le quedan restos genéticos del tradicionalismo y el franquismo, pese a jurar con biblia y crucifijo su aceptación del juego democrático en forma de paloma reformista, y de ser unos artistas del gatopardismo en el alambre de los nuevos espacios políticos surgidos de la brega por el reconocimiento de los derechos y las libertades que otros habían conquistado.

Condenados por corrupción, - unos -, sin que hayan salido todavía del túnel judicial; otros, han vivido de la mamandurria y la financiación extranjera hasta que puedan sacar provecho de la democracia en la que no creen. Defienden su querida meritocracia de títulos ficticios y cargos, fruto de las influencias y el nepotismo; y para detentar el poder, no le hacen ascos a la guerra sucia del transfuguismo o a la quiebra de la obviedad y la evidencia lógica.

Dícense contrarios a la intervención del Estado y al pago de impuestos para sufragarlo, pero algunos de estos españoles fugaron su capital a Suiza o a los suculentos paraísos fiscales, hasta que Montoro ideó una amnistía de verdadero chollo selectivo. Y para los poco espabilados, siempre cabe una política de rebajas impositivas que favorezcan a las rentas altas, o que directamente eliminen impuestos molestos, como el de sucesiones.

Quieren cada vez menos Estado, pero no tiene dudas en mantener un Estado fuerte que le garantice mantener el poder (fuerzas del orden público, ejército, leyes represivas), e imponer su exacerbado nacionalismo centralista, si fuera el caso.

La derecha abomina del igualitarismo y critica la extensión del reconocimiento de derechos sociales. Por eso, saben, y no les importa, que la consecuencia inmediata de no recaudar son los recortes que afectan a los recursos públicos básicos de que disponen las clases sociales menos favorecidas: la sanidad, la educación, la dependencia, las pensiones, … esas prestaciones que ellos pueden costearse por lo privado, y que, de paso, también sirven para enriquecerse externalizándolas a cambio de un porcentaje.

Niegan el cambio climático, se oponen o desvirtúan la violencia de género, interpretan posesivamente la patria potestad y los derechos de sus hijos, no les conmueve la desgracia de los inmigrantes (aunque sean menores), odian a los catalanes, rechazan la diversidad sexual, detestan a los que no les hablan en castellano, …

La derecha española, - sin distinción porque a ellos no les inquieta distinguirse -, obediente a su ancestral querencia, en un ejercicio delirante de defensa de un statu quo caduco y viejuno ha liberado su Thanatos, su pulsión por satisfacer los impulsos agresivos y destructores con el riesgo incontrolable de revivir los momentos más infames de la humanidad. Ha vuelto el "muera la inteligencia, viva la muerte".

Si la vida se nos desvela erótica, como la búsqueda y construcción del bienestar, de la sociabilidad natural, del predominio del amor y los abrazos frente a los balazos, del crecimiento en la alegría de vivir; la derecha extremada nos quiere conducir al miedo primordial que nos atenaza, nos hace vulnerables y fácilmente subyugables, o quizás habremos de ser forzados (incluso con fúsiles de asalto).

Esta derecha no es constitucional. Ni europeísta, ni civilizada. Frente a ella, en estos momentos de recesión y degradación democrática, además del "nos queda la palabra", tenemos la razón, la acción y la esperanza.