CON DOS TACONES
Primeras veces: del sexo a pisar la calle
Gisbert es fiscal y escritora
SUSANA GISBERT - 01/06/2020
Susana Gisbert. EPDA
Susana Gisbert. EPDA


Hasta no hace mucho, justo antes de que nos cerraran el mundo, hablar de "primera vez" solía tener un componente sexual, aunque ignoro por qué razón. Si alguien se refería a "su primera vez", sin apellidos, era casi seguro que aludía a la primera vez que tuvo sexo.

Por supuesto, no era una regla invariable. Se podía hablar de la primera vez que alguien se subió a un escenario, que habló en público, que publicó un libro, que montó a caballo y hasta que terminó su primer macetero de macramé, según los gustos de cada cual. Pero lo que sí es invariable es que se trata de algo que marca de algún modo. Nadie, que yo sepa, recuerda la primera vez que comió macarrones o que bebió agua del grifo.

Pero, como ha ocurrido con todo, las cosas han cambiado, y nos enfrentamos a múltiples primeras veces. Tenemos la oportunidad de vivir como un privilegio algo a lo que antes creíamos tener derecho por el mero hecho de respirar.

No me avergüenza confesar que la primera vez que pisé la calle después de dos meses sin hacerlo me cayeron las lágrimas. Tenía la sensación de que el mundo se había detenido de pronto, y le tocaba volver a girar, aunque no en el punto que lo dejó. Ahí estaban, para atestiguarlo, algunos restos de las luces de las abortadas Fallas, propaganda en las tiendas al respecto y hasta escaparates decorados con petardos de pega. Nunca hubiera creído que pisar la calle me hubiera hecho llorar, pero tampoco había pensado antes que las Fallas pudieran suspenderse,

Luego, han sido unas primeras veces detrás de otras. La primera vez que vi a mi madre después del encierro, la primera vez que vi el mar, el primer café en una terraza, el primer encuentro con amigas o cualquier otra primera vez después del confinamiento.

Tengo la impresión que en un futuro no demasiado lejano, contaremos las cosas tomando como referencia este confinamiento. Ahora, a la espera de mi primer baño en el mar tras él, comprendo cómo se sentían aquellas personas que contaban que habían visto el mar por vez primera.

Tal vez nos hacía falta una pandemia para aprender a apreciar las cosas. Sobre todo, esos abrazos que tenemos pendientes y para los que todavía tendremos que esperar un poco.

Así que, mientras llegan, que llegarán, aprovechemos para saborear cada una de esas primeras veces que nos llegan de nuevo. Estrenemos esos regalos a los que no hicimos caso en su día. Una segunda oportunidad para una primera vez. Vale la pena.

SUSANA GISBERT

Fiscal

(Twitter @gisb_sus)