Hoy 2 de mayo, dÃa de recuerdo histórico por el levantamiento del pueblo español frente a las tropas napoleónicas, me veo en la heroica obligación de coger la pluma -o el teclado, que estamos en el siglo XXI- para desmontar la MENTIRA que algunos, con una creatividad digna de mejor causa, han decidido propagar por las redes sociales. Al parecer, el gobierno de Godella ha "vetado" a ciertos cantaores que se creen con patente divina sobre la "Nit d'Albaes". Qué dramático. Qué injusto. Qué falso.
La realidad, para quien quiera escucharla sin filtros ideológicos, es mucho más prosaica: simplemente se ha dado la oportunidad a otro grupo, la Quadrilla del MolÃ, que -¡sorpresa!- también tiene arraigo en Godella. SÃ, resulta que en este municipio existe más de un grupo con valencianÃa. Asombroso, lo sé. Casi tanto como tener que explicarlo.
Este gobierno llegó con una idea al parecer revolucionaria y difÃcil de digerir para algunos: gobernar para todos. No solo para los de siempre. No solo para quienes llevan años creyendo que la cultura local es su cortijo particular y heredado. Para todos. Un concepto aparentemente subversivo en ciertos cÃrculos, sÃ.
Porque aquà no hay patentes de corso, aunque algunos las busquen con lupa en cajones que llevan años cerrados. Dar espacio a nuevas voces no es censura -por mucho que les escueza- es, precisamente, LIBERTAD. Esa palabra que tan alegremente invocan quienes en realidad lo único que defienden es su propio monopolio.
Y llegamos a la perla: que si el veto se debe al "sarcasmo crÃtico". ¡Permitidme una carcajada! Este gobierno, que ha aguantado con estoica paciencia las crÃticas desde el minuto cero sin pestañear, ¿resulta que ahora tiembla ante un par de versos irónicos? La lógica es, sencillamente, deslumbrante. Premio a la coherencia, sin duda.
Curiosamente, los mismos que hoy gritan censura son herederos directos de una época no tan lejana en que sà se prohibÃa de verdad: los "bous al carrer" vetados por decreto ideológico, su lengua pseudo-valenciana impuesta en las comunicaciones -esa que según ellos solo existe como dialecto -, y una cultura diseñada a medida de unos pocos elegidos con el carnet ideológico en regla. Eso sà era censura. Pero claro, esa memoria es tan incómoda como inevitable para quienes han construido toda su identidad polÃtica mirando hacia "su Valencia del norte" con ojos de cordero enamorado -esos que sueñan despiertos con "un paÃs Valencià ", con su correspondiente Acció Cultural del PaÃs Valencià , su lista oficial de escritores y artistas homologados y su sello de calidad progresista para todo aquel que quiera divulgar cultura. Los demás, ya se sabe, que se busquen la vida.
La cultura no es la finca privada de quien más alto chilla, ni el patrimonio exclusivo de quienes se creen sus únicos guardianes legÃtimos. Es de todos, para todos, y asà seguirá siendo -pese a quien pese- mientras este gobierno tenga algo que decir al respecto.