La Serranía se encuentra en una encrucijada histórica. Durante décadas, hemos visto cómo el silencio se instalaba en nuestras calles mientras el eco de las ciudades atraía a nuestros vecinos. Sin embargo, el horizonte de las elecciones municipales de 2027 no es solo una fecha en el calendario; es la última llamada para un relevo generacional que decida si nuestros pueblos languidecen o florecen.
La despoblación no es una maldición inevitable, sino el resultado de inercias que ya no funcionan. Necesitamos que los jóvenes den un paso adelante y asuman el liderazgo en nuestros ayuntamientos. No se trata solo de juventud por edad, sino de una nueva mirada capaz de entender que la Serranía puede ser un laboratorio de innovación y sostenibilidad.
Un Proyecto para quedarse
Para que el arraigo sea una opción real y no un sacrificio, la política municipal debe priorizar tres pilares fundamentales:
- Servicios sociales y sanidad de proximidad: No podemos permitir que el código postal determine la calidad de nuestra salud. Los nuevos ayuntamientos deben exigir infraestructuras sanitarias dignas y servicios de atención a la dependencia que permitan envejecer en casa.
- Enseñanza de calidad: La escuela rural es el corazón del pueblo. Potenciar una educación que integre la tecnología con el conocimiento del territorio es la mejor semilla para retener talento.
- Impulso a la iniciativa local: Debemos transformar los consistorios en aceleradores de proyectos, facilitando el emprendimiento joven en sectores como el turismo sostenible, la agroecología o el teletrabajo.
El futuro no se espera, se construye desde la institución más cercana: el Ayuntamiento. Jóvenes de la Serranía, vuestro compromiso es el único antídoto contra el olvido. En 2027, el paso adelante debe ser vuestro, porque nadie mejor que quienes aman esta tierra para diseñar su renacimiento.
Es momento de pasar de la resistencia a la acción.