Si eres de los que compra las entradas en
el mercado secundario demasiado rápido, probablemente estés perdiendo dinero.
Un análisis exhaustivo del mercado español de eventos ha confirmado que la
paciencia es, literalmente, dinero. La diferencia entre un comprador que se
deja llevar por los nervios y uno informado supera los 100 euros por cada
ticket. El portal
SeatPick analiza el mercado español y descubre que la mejor estrategia para
el bolsillo es la "tarde-noche del lunes" y esperar a la última
semana.
El estudio destaca que no todos los
espectáculos se comportan igual. Mientras que en los conciertos el precio se
mantiene más o menos estable, con apenas un 10% de variación, el fútbol es un
mundo aparte. Si compras una entrada para un partido con tres meses de
antelación, el precio medio se dispara hasta los 462 euros. Si esperas a la
misma semana del encuentro, el precio cae a los 310 euros. Es decir,
anticiparse demasiado en el deporte rey supone pagar casi un 50% más por el
mismo asiento.
Los datos establecen un calendario y
horario exacto para evitar los sobrecostes habituales en la compra de entradas
en España:
•
Huye de los domingos: Es el día de la
semana más caro para comprar, con una media de 346 euros.
•
Aprovecha el lunes: Es el día más barato
para el bolsillo, bajando hasta los 323 euros.
•
Cuidado con el insomnio: Las compras
hechas de madrugada (entre las 00:00 y las 06:00) tienen un recargo del 21%
respecto a las de la tarde-noche. Al parecer, comprar con sueño sale muy caro.
•
La franja de oro: Los mejores precios
aparecen siempre entre las 18:00 y la medianoche.
La clave de este fenómeno reside en
que los vendedores suelen ajustar sus precios a la baja cuando se acerca el
evento para asegurar que las entradas no se queden sin vender.
Para una familia o un grupo de amigos que
compre un pack de cuatro entradas, elegir el lunes de la última semana en lugar
de hacerlo meses antes puede suponer un ahorro neto de entre 200 y 400 euros.
El objetivo de estos datos es que el consumidor deje de pagar de más
simplemente por inercia o por el miedo injustificado a quedarse sin su sitio.