Años. Años de cadenas humanas, de manifestaciones, de reclamaciones, de reuniones. Años de reivindicación vecinal alertando de lo que podía ocurrir. Como en el cuento del lobo, las asociaciones avisaban una y otra vez de que el mar acabaría devorando nuestras playas. Nadie escuchó. Palmadita en la espalda y a seguir. Hoy, el mar ya está dentro de las casas de nuestros vecinos y vecinas.
La realidad es incontestable: en los seis años que nuestro alcalde socialista, Darío Moreno, lleva al frente del consistorio, lo único que se ha anunciado es un trasvase de arena que ni siquiera se ha iniciado y que, a estas alturas, resulta claramente insuficiente. Seis años en los que el concejal de Playas, Roberto Rovira (Izquierda Unida), ha mirado hacia otro lado. Tras las imágenes de estos días, debería plantearse seriamente si merece continuar en su cargo.
Durante todo este tiempo, tanto el alcalde como su concejal han contado con un Gobierno de España del PSOE y sus socios al frente del Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO). Un ministerio que actúa con contundencia si alguien se lleva una piedra de la playa, pero que permanece impasible cuando el mar arrasa playas, cordones dunares, infraestructuras, muros y entra en las propiedades de nuestros vecinos. Mirar hacia otro lado no es casualidad: saben que la dejadez, la inacción y el abandono son los responsables directos de la imagen triste y desoladora que hoy sufrimos.
Ministerio y alcalde, alcalde y Ministerio: habéis dado la espalda a nuestras playas. Ya no sirve echar balones fuera ni esconderse tras palabras vacías. Os avisamos los vecinos, os avisó la oposición. Hubo imágenes, vídeos, informes y estudios. ¿La única respuesta? Traer arena sin medidas de retención ni elementos de protección. Hoy comprobamos que esa solución era insuficiente y tardía.
Las playas de Almardà han muerto. Con ellas se ha perdido la poca credibilidad que le quedaba al Ministerio y a nuestro alcalde, sin olvidar a un concejal de Playas que ni está ni se le espera. Gracias por nada. Vuestra incompetencia nos deja sin playas, y eso es algo que llevaréis siempre con vosotros. Tuvisteis la capacidad y la responsabilidad de llamar a quien hiciera falta para actuar a tiempo, pero no lo hicisteis.
Hoy Almardà ha muerto, y con ella se va uno de nuestros patrimonios naturales más valiosos. Gracias, una vez más, por nada.
Y termino como vecino afectado: seguiremos luchando, con las pocas herramientas que tengamos, para recuperar nuestras playas, porque vosotros las dejasteis morir.