Han pasado más de seis meses desde que, como le sucede a multitud de personas de la ciudad, presenté toda la documentación necesaria para solicitar una licencia de vado en mi vivienda. Seis meses cumpliendo requisitos, aportando papeles, atendiendo a lo que se me pedÃa. Seis meses después, sigo esperando. No hay licencia. No hay respuesta clara. Y, sobre todo, no hay plazos que se respeten.
No escribo estas lÃneas desde el enfado, sino desde la pena. La pena de comprobar cómo trámites sencillos se convierten en una carrera de obstáculos para cualquier vecino o vecina que necesita relacionarse con su Ayuntamiento. Hoy es un vado; mañana puede ser un empadronamiento, una licencia menor o cualquier gestión cotidiana que deberÃa resolverse con agilidad y sentido común.
Quien haya intentado tramitar algo últimamente en el Ayuntamiento de Sagunto sabe de qué hablo. Colas, citas que se retrasan, expedientes que se eternizan, silencios administrativos que desesperan. Y no es una percepción aislada: es una queja recurrente que escuchamos a diario en la calle.
Es importante decirlo con claridad: los trabajadores municipales no son el problema. En áreas como Urbanismo están claramente desbordados, haciendo lo que pueden con los medios que tienen. El foco no debe ponerse en quienes sacan adelante el trabajo, sino en quienes tienen la responsabilidad de organizar, priorizar y modernizar la administración local.
El problema es de gestión polÃtica. De un equipo de Gobierno que no está trabajando lo suficiente para facilitarle las cosas a la ciudadanÃa. Que no impulsa medidas para simplificar los trámites administrativos, acortar plazos o eliminar procedimientos innecesarios que solo sirven para duplicar formularios y frustrar a la gente.
Hoy existen herramientas legales, leyes y decretos que permiten agilizar procesos, reducir burocracia y hacer una administración más cercana y eficaz. Falta voluntad para aplicarlas. Falta liderazgo para reorganizar servicios, dotarlos de recursos y poner al ciudadano en el centro. SÃ, DarÃo, todo eso falta.
No puede ser normal que una licencia de vado tarde más de seis meses. No puede ser normal que pedir algo tan básico se convierta en un ejercicio de paciencia infinita. Y no puede ser normal resignarse a que "esto siempre ha sido asÃ".
Desde la responsabilidad pública, pero también desde la experiencia personal, creo que es necesario decir basta. Nuestra ciudad necesita una administración que funcione, que responda y que acompañe a sus vecinos y vecinas, no que los desgaste.
Porque detrás de cada expediente hay una persona. Y seis meses después, seguir sin vado no deberÃa ser aceptable para nadie.