Es impresionante la actitud
de esta adolescente pakistanÃ, que cuando trenÃa catorce años (en 2012) fue
acosada y dispara por talibanes en su ciudad, porque iba a escuela y porque defendÃa
la escuela para las niñas pakistanÃes. Pese a la gravedad de las heridas recibidas
se la pudo recuperar y ahora, con 16 años, Malala Yousafzai ha podido intervenir
ante la Asamblea General de la ONU y defender la realidad del derecho a la
educación para todos y, sobre todo, para todas, siendo capaz de proclamar una
maravillosa frase: "Los libros y las plumas son la única vÃa para cambiar el
mundo". Tenemos otro modelo de persona capaz de plantar cara, de cantar las
verdades ante los abusos de los poderosos, de asumir los riesgos solidarios
ante las bárbaras injusticias de las personas que nos dominan.
Es fascinante la claridad
de esa adolescente, que vive en territorios y culturas que aplastan de una
manera espectacular a las mujeres ante la hipocresÃa y el mirar hacia otro
lado de los maravillosos y civilizados occidentales. Nuestros gobiernos no
saben nada de eso y no tiene el coraje de plantar cara. Al revés, en nuestros
paÃses también hay mucha xenofobia y mucho machismo y mucha homofobia. Un
dirigente del Senado italiano le ha dicho a la ministra italiana de origen
congoleño que parece "un orangután". Y se sabe que hay catorce millones de
menores en el mundo que se ven obligadas a casarse por sus familias y por las
absurdas y dictatoriales costumbres de muchas sociedades. Y un Tribunal
americano ha absuelto a un asesino de un menor negro a la puerta de una
discoteca. Y existe Guantánamo.
¿Por qué los Gobiernos
democráticos no plantan cara a esas barbaridades? ¿Por qué a los dictadores los
visitan, les chupan el culo y lo que haga falta, les venden lo que sea? ¿Por
qué sólo buscan y denuncian a las personas que luchan por la libertad, como
Snowden, que lo único que ha hecho es hacernos saber la sistemática violación
de nuestros derechos por parte de los más poderosos de este mundo? La lucha de
Malala por la educación para todos y para todas también nos puede servir a
nosotros, porque estamos viendo la inexplicable polÃtica de recortes educativos
y los matices a favor de las clases medias y altas y la voluntad explÃcita de
que las personas más pobres tengan muchos más obstáculos para poder realizar
una formación más completa, que les proporcione una serie mayor de
posibilidades sociales y laborales.
¡Cuánta razón tiene Malala!
¡Cómo cambiarÃa el mundo si de verdad los niños y las niñas desde los dos o
tres años pudieran tener acceso real a los libros y a las plumas para escribir!
Por eso nadie de los poderosos quiere que eso pase. Quieren pobres,
ignorantes, sin formación, para poderlos explotar mucho mejor. También es
magnÃfico el viaje del Papa Francisco a la isla de Lampedusa y poner encima de
la mesa de nuestros maravillosos paÃses civilizados y cristianos la realidad
de la brutal emigración desde el tercer mundo, nuestra incapacidad de acogida,
nuestra violación sistemática de los derechos de esas personas que vienen a
trabajar y a poder mantenerse. Ojalá dure mucho el Papa y sea capaz de hacer
transparente a la Iglesia. Sin Banca Vaticana.
En España estamos
profundizando en la incapacidad del PP para manifestar su corrupción. Cada dÃa
más se van sabiendo matices y aspectos que no les van a servir para quedar
inmunes de todos estos procesos. Pero lo peor que eso está generando un
desánimo muy negativo en la sociedad española. Hemos de conseguir que la
transparencia sea el instrumento clave de la vida de los partidos polÃticos.
Nada de secretos, nada de vidas ocultas, nada de cultura "B". Pero toda la
sociedad española ha de trabajar en esa lÃnea y colaborar para la desaparición
del dinero negro y de las mentiras fiscales, que son públicas y notorias. Cada
vez sabemos mejor la realidad de recortes sanitarios y escolares y el abandono
increible de la tercera edad y la discapacidad. Eso sólo se puede corregir
luchando todos desde abajo.
Lo malo es que ahora en
verano parece que la sociedad española sólo se reúne para la absurda y
patológica cultura de fiestas. Ya hemos visto San FermÃn y la tele pública le
daba más importancia que a muchas otras noticias nacionales. Ahora nos toca en
nuestra Ciudad y es triste ver cómo mucha gente que nos se compromete con nada,
es capaz de gastar tiempo, esfuerzo personal y dinero en montar la plaza de
toros o hacer actividades festivas. Las peñas siguen existiendo, aunque serÃa
razonable que varias se cambiaran el nombre, porque es increÃblemente ofensivo.
Y que no hicieran ruido más allá de las tres de la mañana o que no ensuciaran
la ciudad. Y que las peñas y toda la ciudadanÃa saguntina aprendamos de Malala
y utilicemos de verdad libros y plumas de escribir y mucho menos la
seudomodernidad digital. ¡Y viva Malala!