El siglo XX hizo posible en muchos países de Europa sobre todo la superación de las más profundas desigualdades históricas. A la proclamación de importantes valores constitucionales derivados de la Revolución Francesa, se unió el duro trabajo de tantos ciudadanos y de tantas ciudadanas para conseguir una serie de derechos reales que suponían una maravillosa mejora de las condiciones reales de vida. Se puso en marcha el Estado de Bienestar, en el que el fascismo español nos dejó fuera tras el brutal golpe de estado que ha producido tantísimas víctimas, que nunca han sido reconocidas ni sus causantes juzgados y condenados. Aun tienen plazas y calles y monumentos en muchas partes y sus valores siguen presentes y creciendo en nuestra rancia sociedad.
El PP realmente existente quiere aniquilar los servicios públicos básicos, como la enseñanza y la sanidad, sustituyéndolos por empresas privadas de sus amigos. La Generalitat Valenciana es modélica en esto. Menos profesorado, menos personal sanitario, eliminación de nuestra lengua propia. El PP quiere reducir la libertad pública. Canal 9 es un instrumento de una desvergüenza suprema, que sólo sirve para hacer oir una solo voz y que niega cualquier tratamiento objetivo y plural de los problemas de nuestra Comunidad, con un despilfarro escandaloso.El PP vive obsesionado por la multiplicación de eventos vacuos, estériles y carísimos, con una opacidad económica y fiscal sorprendente, que sólo elllos sabrán a quien servirán, pero que a la ciudadanía no le sirven para nada. Y qué decir de la obsesión del PP por participar en ceremonias religiosas, para conseguir que la Iglesia española esté cerca de sus posiciones, pese a la lejanía infinita de los valores de la derecha real con los valores evangélicos,
Eso está produciendo en España y en Europa una serie de actitudes entre la ciudadanía muy negativas para los valores democráticos de igualdad, libertad y solidaridad. Por ejemplo, está creciendo una patológica xenofobia en muchas partes, manipulada vilmente por la derecha sociológica, que ha hecho que nuestra ciudadanía se olvide de la condición emigrante de nuestras generaciones anteriores y que no se trabaje para disfrutar de la pluralidad de nuestras calles. Es maravilloso que un niño nacido en Gilet (y por lo tanto español) sea hijo de un marroquí y de una búlgara. Nuestra ciudadanía sigue negada a reflexionar seriamente sobre una necesaria reforma fiscal, que lleve a la transparencia y a la más absoluta claridad. La derecha del PP sólo sabe insistir en que no hay que pagar impuestos y la ciudadanía absurdamente acepta ese discurso.
A nivel de ciudad pasa lo mismo. Se valoran más las fiestas que nada, violando el derecho al silencio y al descanso que tenemos. Parece que lanzar patos sea un problema ciudadano y se margina la calidad de vida cotidiana, olvidándose la necesidad de gestionar mejor el agua, la limpieza urbana, la recogida selectiva de residuos, el alumbrado público, el medio ambiente (la montaña del Romeu sigue en el más patético silencio). El PP nunca nos quiere explicar qué programa haría si gobernara. Pero hace toda la demagogia posible para inyectar esos valores de la España eterna, aprovechándose de que la izquierda socialdemócrata saguntina, valenciana, española y europea no sabe, no contesta y vive más pendiente sus futuros personales, sin pagar ninguna responsabilidad por su inutilidad. Pero pese a todo hemos de resistir a esas ideas tan primitivas de la derecha española.
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