Jaime Navarro. /EPDAEn un mundo que se nos ha quedado chico y en que seguramente las élites dominantes pretenden disparatadamente que todo el mundo actúe como soldados disciplinados de un ejército global. Lo que por otro lado es absolutamente contradictorio con la sociedad extremadamente individualista e incluso narcisista, fruto de decenas de años de mensajes absolutamente contrarios al colectivismo que ahora se nos trata de imponer. Ipso facto. Y por lo civil o lo militar. Según se le escapó al bocazas de Revilla.
Lo cierto es que ante tamaño desatino y como siempre suele ocurrir en estos casos, el factor humano te viene a desbaratar todos los maravillosos planes que desde tu gloriosa atalaya habías "proponido"- Garzón dixit- para salvar a la humanidad. De nuevo. Como sí en la pasada centuria no hubiéramos tenido inflación de salvadores: Hitler, Stalin, Mao, Rockefeller, Kissinger, etc...y demás genocidas o planificadores de la humanidad, precisamente unos por lo civil y/o lo mercantil y los otros es decir a lo bestia, por lo policíaco o lo militar.
Pero al final todos fracasaron. Como los tiranos de ahora fracasaran. Que siempre, tarde o temprano, les saldrá el insoportable grano en el culo de la personalidad.
Buen ejemplo de ello el campeón serbio, Djokovic, que tenga o no tenga razón, ha puesto en cuarentena al pensamiento único que nos tratan de imponer, con esto de que a partir de hoy sean los dirigentes políticos y las autoridades policiales los que fijen quien o quienes son personas sanas. Correctas o aptas. O incluso, que esta función hasta ayer reservada en exclusiva a los médicos, pasen a desempeñarla sin sonrojo y por doquier, los camareros...
Y en esas estábamos dando también por bien muerto y enterrado al mundo del toreo, sobre todo después del bajonazo brutal sufrido por el cierre a cal y canto decretado durante la pandemia. Cuando de pronto reapareció el mejor toreo que se recuerda de quien vino a resucitar hasta los mismísimos tiempos de Joselito. Un Morante imponente con su montera calada a la antigua banderilleando y toreando con la muleta. Y hasta matando con la supermontera puesta. Para delirio de los aficionados mexicanos. Españoles y gabachos. Desmintiendo una vez más que el toreo haya muerto. Como tampoco nada ni nadie logró por ahora, acabar con la radio, los periódicos o el teatro. Pese a tanto planificador, tanto agorero y tanto gafe del diablo.
Y para acabarlo de arreglar, en el cono sur, en nuestra amada Argentina, cuando la pobre parecía ya completamente olvidada y deshauciada, con sus jóvenes hace lustros emigrando o huyendo a millones del paro, la delincuencia, la inflación, la corrupción y la miseria...aparece un economista muy popular precisamente entre los más jóvenes de allá, que metido a político lo primero que hace es sortear su sueldo público entre el pueblo. Y cada mes.
Para chanza, descrédito, aviso y gran terror de su nefasta casta política que ha logrado arruinar a este país otrora tan próspero y rico. El "Peluca" Milei le llaman, al que habrá que estar sin duda muy atento.
Pues como titulaba Graham Greene...el factor humano...hombre...el factor humano...
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