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El poder judicial

Francisco Adán y Albert Llueca

Francisco Adán y Albert Llueca.
Francisco Adán y Albert Llueca.

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Francisco Adán

Juecesy fiscales se han plantado en contra la politizaciónde la justicia y la falta de medios. Está muy bien eso porque,ciertamente, lajusticia necesita más ingresos, más medios técnicos ypersonales y , sobretodo, una menor burocratización judicial.

Losabogados también formamos parte de la biosfera jurídica,claro que no podemos hacer huelga en sentido estricto ytampoco obtuvimos muchoapoyo de los jueces y fiscales cuando hicimos lasmovilizaciones. Esta falta desolidaridad dificultan enormemente las reivindicaciones yfacilita que laJusticia siga siendo el hijo abandonado del Estado ( social yde derecho).

Enlas últimas noticias aún flota la renuncia de Marchena apresidir el Tribunal Supremo y el Consejo General del PoderJudicial habidacuenta del torpe e injustificable whatsapp del senador del PP, Coisidó, diciendoque “controlaban “ la Sala Segunda del TS. La indecencia deesta situacióndebiera provocar su dimisión ( a ver qué análisis ideológicohacen de mi traseste párrafo).

Peroel WhatsApp no es, en si mismo, lo perverso, esemensaje sólo saca a la luz una verdad que se conoce ya: lavoluntad del poderpolítico de cargarse el Estado de Derecho y de usar lasherramientas del poderpara hacer desvanecer la división de poderes.

Cuandolos padres de la Constitución establecieron que partede los integrantes del Constitucional y del CGPJ fueranelegidos por lospartidos políticos, lo hicieron pensando en evitar laendogamia dentro del sistemajudicial y de la función de control y equilibrio entre lostres poderes,confiando en el saber hacer de los políticos y en laindependencia yprofesionalidad de los jueces. Lo primero ya sabemos que no hafuncionado, losegundo va por jueces aunque no hemos de olvidar que destacandos asociacionesde jueces en las que, ellos mismos, se han auto etiquetadocomo “progresistas”y “conservadores”.


Albert Llueca

Està setmana hemestat en un nou laberint judicial. Com publicava LaVanguardia “PSOE y PP pactan pese a su hostilidad losnombres del nuevo Poder Judicial” una hostilitat queno fa més que reforçarla idea de que en l’estat espanyol no hi ha una separació depoders real.

El principipolític segons el qual les funcions legislativa, judicial iexecutiva del'Estat han d'estar separades, com a poders independents,perquè pugaestablir-se un sistema de controls i equilibris que limiteles facultats delgovern i protegisca els drets individuals, si una separacióde poders com Déumana.

Però estelaberint no haguera sigut el mateix sense dos protagonistes,tres, moltespecials Marchena, Cosidó i Casado.

A Marchena pareixque l’han ficat en l’ull de l’huracà i ell soles es vaborrar a última hora “Jamás he concebido el ejercicio delafunción jurisdiccional como un instrumento al servicio deuna u otra opciónpolítica para controlar el desenlace de un proceso penal”,en el all estavasegur. L’altre Pablo Casado que empra amb Cosidó el 'modusoperandi' deCospedal, el no però si en diferido, desprésde que ell (El País) “admite el mensaje de WhatsApp en elque presume de unfuturo control del PP sobre el Supremo” estos polèmicswhatsapps després defer-se públics aquests, el portaveu del PP va eixir ademanar “disculpes” pelllenguatge “inadequat”. I va afirmar que se li hi haviamalinterpretat perquè“en cap cas” s'estava parlant de “un intent de control” delpoder judicial. Ellassegura que es referia a Manuel Marchena a qui lireconeixia “una autoritatmoral” per a garantir la independència del Tribunal a més de“un reconegutprestigi” que, al seu judici, podia ajudar al fet que lesdecisions foren elmés consensuades possibles.

El laberint i elminotaure.

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