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Yono tenía ni idea de que alguien alguna vez hubiera compuesto unacanción llamada Vincent,o Vicente, o Vicent, un nombre muyvalenciano pero por lo demás no especialmente extendido por elmundo, y menos por la música pop. Los buscadores de internet sontestigos. McLean escogió ese nombre para su dulcísima cancióninspirado por el descubrimiento de la obra de Vincent Van Gogh, unholandés que sólo vivió treinta y siete años del siglo XIX, y queen apenas diez dio a luz 900 cuadros y 1.600 dibujos. Póstumamentebatió récords de cotización con alguna de sus obras, pero apenaslas vendió en vida.
OtroVincent, Minelli, le dedicó uno de sus afamados largometrajes: ElLoco del Pelo Rojo (1956), con Kirk Douglas. Mucho después llegó‘Loving Vincent’ (2017), la sorprendente película polaca deanimación “pintada al óleo” por 120 artistas. La cinta, en laque parte de la obra del pintor cobra vida como decorado de laacción, tiene como hilo conductor una de las muchas cartas que VanGogh escribió a lo largo de su vida. Pintura y escritura paradesentrañar el pensamiento de un hombre que se arrancó un pabellónauditivo, murió con una bala alojada en su vientre, y deambulóentre su país natal y diversos escenarios franceses, incluido unsanatorio mental.
‘VanGogh Alive’ vuelve a transitar esa senda. Combinando cuadros ytextos, atendiendo a detalles y fragmentos de ambos ingredientes, laexposición multimedia itinerante más visitada del mundo nos sumergeliteralmente en el universo Van Gogh. Nosotros estamos en el centro,y las imágenes se mueven entre nosotros mecidas por la música -noestá la pieza de McLean- a lo largo de cuatro paredes. La mente delvisitante se abre progresivamente, a la par que su boca, durante estaexposición del estado de ánimo cambiante de Van Gogh y de laevolución del estilo con cada ubicación geográfica de subiografía.
Eltiempo no es importante. Pero saquen cuentas: media hora de‘experiencia’ multimedia; turno para una foto en la silla de ‘ElDormitorio en Arles’; visita a la tienda de recuerdos; paso por lasala anexa con caballetes en la que los visitantes pueden dibujar.Total, una ‘horeja’ de Van Gogh en pleno centro de Valencia.
Laexposición
Valenciaes la quinta ciudad española y quincuagésima del mundo que acoge‘Van Gogh Alive’. Pero es lasegunda del país en visitantes, apoca distancia de Madrid. Un mes antes de la clausura ya se habíasuperado la cifra de 80.000.
Sorprendecomprobar cómo un edificio señero, el del Ateneo Mercantil, es tanversatil como para acoger con toda solvencia una ‘experiencia’tan innovadora como ésta.
Haytiempo para ver la muestra: hasta el 17 de noviembre, de lunes adomingo, de 9 a 22 horas. En cada sesión hay un númerus claususcercano al centenar de personas. Si fueran más, no se podrían girary mover por la sala. Hay una tarifa base para adultos de 12 eurosentre semana y 14 en fin de semana, con descuentos para mayores,menores, desempleados y personas con determinado grado dediscapacidad.