Susana Gisbert. /EPDASé que no soy original. A estas alturas, ya he visto varios vídeos, chistes y memes, algunos de ellos muy graciosos, aludiendo a ella. Pero es que la cosa no es para menos, que se ha tomado tan en serio eso de “que llueva, que llueva” que tiene harto a todo el mundo, hasta la mismísima Santa Bárbara que ahora está todo el día en acción porque, como es sabido, solo nos acordamos de ella cuando llueve.
Pero la cosa no es para broma. Apenas estamos en febrero, y ya vamos por la mitad del abecedario de eso que antes se llamaban solamente “tormentas” o “temporales” y ahora tienen nombre. Cuando escribo estas líneas, es Marta la que está pegando fuerte, pero al paso que vamos, en un par de semanas, será Zacarías, Zulema, o cualquier nombre con la Z que le ponga quien quiera que se encargue del bautizo de las tormentas.
Ahora le ha tocado a Andalucía la peor parte, aunque hay otras comunidades también afectadas. Hace un tiempo nos tocó a la Comunidad Valenciana, con el terrible resultado que todo el mundo conoce. Aunque parece que algo se haya aprendido, y la prevención y la gestión que en la Dana de Valencia brillaron por su ausencia ahora han hecho acto de presencia, y la anecdótica cifra de personas fallecida da buena muestra de ellos, por fortuna. Lástima que la lección fuera tan dolorosa.
En cualquier caso, lo que es un hecho es que la meteorología ha pasado de ser una mera conversación de ascensor a ser una preocupación real y constante. Y es que algo ha cambiado, y mucho. Hemos pasado en poco tiempo de una situación en que la sequía era lo más relevante en lo tocante al clima a otra en la que el suelo no es capaz de absorber todo lo que llueve. Algo impensable hace unos años.
En mi Valencia, sin ir más lejos, no hay día en que no llueva, poco o mucho. Diría que es como si alguien hubiera gastado una broma de mal gusto y hubiera dado la vuelta al mapa si no fuera porque en Galicia tampoco están para echar cohetes.
Así que no sé qué argumentos les pueden quedar a quienes niegan el cambio climático, porque es más que evidente y se aprecia a simple vista. Pero no deberíamos resignarnos sin más a que estos desastres sean cada vez más frecuentes, como anticipan todos los estudios.
La naturaleza nos advierte cada día y se revuelve contra el maltrato que le damos. Podemos reaccionar, o seguir amparándonos en la Virgen de la cueva.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora @gisb_sus)
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