Susana Gisbert. / EPDA
Y hace tiempo que me contaron que el escote “palabra de honor” -ese que no tiene tirantees ni mangas que sujeten el vestido- debe su nombre a una frase: palabra de honor que no se me cae. La verdad es que no sé si la anécdota es cierta o es solo una leyenda urbana, pero eso no quita para que sea un tipo de vestido muy usado por las mujeres para celebraciones y eventos de gala.
Me acordé de esto esta Nochevieja cundo veía los vestidos de la mayoría de las presentadoras de las campanadas, que, aunque ninguno respondía totalmente al concepto del escote “palabra de honor” dejaban tanta carne al aire como ese.
No me quiero poner puritana, solo faltaba. Pero sí que echo de menos un poco de naturalidad y, por qué no decirlo, de igualdad entre hombres y mujeres, aunque sea presentando las campanadas. Porque, aunque hace muchos años que Ramón García se cubría con una capa española de ben paño mientras su partenaire iba con un vestidito de gasa y generoso escote, las cosas no han cambiado como deberían.
No hay más que echar u vistazo a quienes asisten al evento en la plaza desde la cual se retransmite. Nadie lleva tirantes, ni palabra de honor ni gasas, o, al menos nadie lo lleva sin nada encima. Todo el mundo se cubre con abrigos y chaquetas para combatir el frío, que no es cosa de broma. Salvo las presentadoras, claro. Ellas pueden coger una pulmonía doble, que no pasa nada.
Esos vestidos están pensados para llevarlos en verano o, si es invierno, en interiores con una buena calefacción. De hecho, si el tiempo fuera adecuado para esa ropa, a buen seguro los presentadores masculinos no llevarían chaquetas, ni capas. Pero las mujeres tenemos que enseñar, como si todavía estuviéramos en los tiempos del destape. Y nadie se plantea cambiar esta práctica.
Tampoco estoy abogando porque vayan con la bata de guatiné, pero hay ropa y abrigos bonitos y adecuados para la época y para estar a la intemperie. Podemos verlos en cualquier desfile o en cualquier escaparate a poco que miremos.
¿Hasta cuando tendremos que seguir normalizando esas diferencias entre mujeres con ropa ligera y transparencias y hombres con esmoquin o traje de chaqueta? Y eso por no comentar la diferencia entre ellos, comodísimos con sus zapatillas de deporte que son el no va más de la ropa de gala masculina, mientras ellas se destrozan los pies con tacones de vértigo. Y no es que a mí no me gusten los tacones, pero lo de la comparación con las deportivas me chirría. Igual es que soy rara.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)
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