Mónica Caparrós. EPDADijeron
que todo cambiaría, que las leyes nos protegerían. Dijeron que ya
no era necesario que saliéramos a la calle. Dijeron que esta era una
lucha de segunda y que no era el momento. Dijeron que el lenguaje
inclusivo era absurdo, que dejáramos a nuestras hijas ser princesas.
No pasa nada, dijeron. Dijeron que nos habíamos liberado, que ya
podíamos trabajar fuera y que ya estabamos liberadas y que qué más
queríamos. Dijeron, nos dijeron, que ya no hacía falta la lucha
porque ya estaba todo resuelto.
Nos
mintieron y nos dejamos arrastrar por la inercia de un sistema que no
se esconde para enseñar la cara menos sutil del patriarcado.
Pero
da igual, una vez más reaccionamos. Empezamos a utilizar un lenguaje
diferente, desempolvamos e inventamos palabras bellas y necesarias,
conformamos asociaciones, nos dimos el apoyo y el valor que nunca nos
ha faltado y lo sacamos a pasear. Nos autodenominamos feministas, sin
vergüenza, porque entendimos que ya no teníamos que sentirnos
culpables por nada. Explicamos el significado de la igualdad y
decidimos enseñar los pechos, o no. Encadenarnos a las puertas, o
no. Decirle a la otra mamá que el
que se pelea no se desea,
que las cosas no son así porque así han sido siempre, son así
porque nadie se molestó en cambiarlas.
Y
es por eso que marchamos el 7N. Es por eso que no nos vamos a quedar
en casa y queremos que vengáis todas (y todos, no sintáis en mis
palabras el abandono del lenguaje). Es por necesidad, por vernos, por
tocarnos, por darnos la mano y juntar todas las voces para que, por
fin, el Estado entienda que la lucha no es un capricho, es una
necesidad cuando resulta mentira todo lo que nos dijeron.
Vamos
al 7N porque nos queremos vivas y nos sabemos fuertes.
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