Susana Gisbert. / EPDAHay un refrán que dice “quien canta su mal espanta”. Un refrán que todo el mundo conoce y usa, aunque no cante, o no lo haga más que en la ducha.
Yo hasta hace poco era de esas. Me encanta cantar, pero la ducha y sobre todo el coche cuando voy sola eran los únicos testigos de mis veleidades cantoras, aparte de algún que otro karaoke entre amigos.
Hasta que un día pensé que, si cantar era tan estupendo, por qué no hacerlo más y mejor. Y dicho y hecho. El destino puso en mis manos la oportunidad en forma de una amiga que me contó que se había apuntado a un coro de góspel y música africana, y que se lo pasaba bomba, y no tardé ni cinco minutos en pedirle el contacto y preguntarle que tenía que hacer para apuntarme. Si me admitían, claro.
En menos de una semana, me invitaron a ir a probar y desde entonces no he dejado de ir. El coro y yo nos gustamos mutuamente, por fortuna. Y me sentí por un momento como cuando de pequeña cantaba en el colegio.
Ahora he pasado una pantalla más y me he enfrentado a mi primer concierto. La experiencia ha sido mejor, incluso, de lo que prometía. Porque además de que el público disfrutó mucho y dijo que lo habíamos hecho fenomenal -era público amigo-, comprobé luego en los vídeos y grabaciones que aquello sonaba muy bien.
Pero eso no fue lo más importante. Lo mejor es lo que disfrutamos al cantar en el escenario, al compartir la experiencia con otras personas -cantábamos con otro coro- hasta el punto de que todo el mundo comentaba lo mismo: se nos hizo cortísimo. De hecho, mi amiga -la que me abrió las puertas - y yo decíamos que estábamos dispuestas a repetir todo el concierto.
Y es que la gente no valora el arte en lo que se merece. El arte es la medida del estado de salud de una sociedad, y eso no podemos perderlo nunca de vista. Aunque haya otro refrán que se refiera a una cosa fácil de realizar como “coser y cantar” hay mucho trabajo detrás. En este caso, además de quienes cantamos está la directora, por supuesto, y los músicos, además de los técnicos que hacen posible que el espectáculo salga adelante. Y sin sus estudios y su preparación nada de eso sería posible. Ni coser, ni cantar.
Por supuesto, seguiré cantando y recomendando a todo el mundo que lo haga. Pero como es de bien nacida ser agradecida, no cerraré este texto sin decir el nombre de los coros, Black Bottom y dar las gracias por hacerme sentir tan bien.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora @gisb_sus)
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