Los presupuestos
municipales no son un mero trámite administrativo. Son, o deberían ser, la hoja
de ruta que marca el modelo de municipio que se quiere construir. Por eso
resulta especialmente preocupante que el Ayuntamiento de Utiel vuelva a debatir
y aprobar sus cuentas fuera de plazo, condenando al municipio a comenzar el año con un presupuesto prorrogado y retrasando la puesta en marcha de actuaciones hasta bien
entrado el mes de marzo. Unas cuentas que finalmente salieron adelante con los
votos del Partido Popular y el respaldo de la concejala no adscrita, sin
diálogo previo ni consenso político.
La falta de planificación no es un detalle menor. Aprobar el documento más importante del año el 23 de diciembre evidencia una forma de
gobernar basada en la improvisación, en llegar tarde y en no asumir la
responsabilidad que supone dirigir una administración pública. Y lo más grave
es que esta dejadez se produce en un momento clave para Utiel, cuando el
Ayuntamiento dispone de recursos económicos históricos que deberían servir para
impulsar la recuperación y el desarrollo del municipio.
Tras la DANA y
con el ingreso de casi 47 millones de euros procedentes del Gobierno de España,
cabía esperar unos presupuestos ambiciosos, con inversiones claras y un
proyecto político definido. Sin embargo, lo que se presenta para 2026 es un
presupuesto continuista, prácticamente calcado al del año anterior, que solo crece por el aumento del gasto en personal y que vuelve a dejar a Utiel sin
un verdadero plan de inversiones.
No se cuestiona el trabajo
técnico, que es correcto y riguroso, como demuestra una vez más la labor del personal
de Intervención. Precisamente por eso resulta
aún más evidente
la ausencia de contenido
político. Un presupuesto puede estar bien cuadrado, pero si no responde a las
necesidades reales del municipio ni plantea objetivos claros, se convierte en
un documento vacío, sin alma y sin dirección.
La falta de diálogo con la
oposición agrava todavía más esta situación. Las promesas de reuniones previas
y consenso desaparecieron hace tiempo. Este año, ni siquiera se ha intentado
disimular. El resultado es un presupuesto estudiado a contrarreloj, modificado a última hora por errores
materiales y con ingresos
inflados que solo sirven para cuadrar cifras sobre el papel, pero que
difícilmente se cumplirán en la ejecución real.
Especialmente
llamativo es el aumento injustificado de determinadas partidas de gasto como
actividades festivas, protocolo de alcaldía o publicidad institucional. Partidas que luego
no se ejecutan, que se recortan durante el año o que no responden a
la realidad del gasto. Todo ello transmite una sensación clara: se presupone
para aparentar, no para cumplir. “Pan y circo”, aunque incomode decirlo, es una
descripción demasiado ajustada a la política presupuestaria actual.
Frente a esta forma
de gobernar, la oposición ha presentado diez enmiendas que demuestran que otra
manera de hacer las cosas es posible. Propuestas concretas para ajustar
partidas hinchadas, reforzar la cultura, apostar
por la igualdad, cumplir con las becas universitarias prometidas y, sobre todo, iniciar
de una vez un plan serio de inversiones y actuaciones urbanísticas. Porque
Utiel no puede permitirse otro año perdido.
Resulta
incomprensible que, con ingresos previstos de fondos de cooperación por valor
de 788.000 euros, el capítulo
de inversiones reales
apenas alcance el 3 % del presupuesto. Más aún cuando
parte de esa cantidad corresponde a infraestructuras que ya cuentan con
financiación propia. A esto se suma el silencio absoluto sobre el destino de
los fondos de la DANA y sobre los remanentes de
tesorería disponibles gracias al
saneamiento realizado en la legislatura anterior.
Tampoco
aparecen en estas cuentas muchas de las promesas electorales con las que el
Partido Popular ganó las elecciones: ni televisión local, ni rocódromo, ni
ayudas a familias numerosas o monoparentales, ni climatización del salón
polivalente. Y, por supuesto, ni rastro de la anunciada bajada de impuestos, que pasó de ser un gran reclamo
electoral a desaparecer por completo de los
presupuestos.
En definitiva, los presupuestos de 2026, aprobados por el Partido
Popular y respaldados también por la concejala no adscrita, evidencian un
gobierno sin proyecto, sin ambición y sin compromiso real con el futuro de
Utiel. Unas cuentas que renuncian a invertir, que se apoyan únicamente en el
gasto corriente y que desperdician una oportunidad histórica para transformar
el municipio cuando más recursos hay disponibles. El Partido Popular ha
decidido conformarse con dejar pasar el tiempo, incumplir sus promesas electorales y desaprovechar el impulso logrado
en años anteriores. Utiel merece mucho
más que unos presupuestos planos, tardíos y vacíos de contenido
político; merece un gobierno que esté a la altura de los retos que tiene por
delante.