El cambio de hora. IMAGEN: VICENTE GARCÍA NEBOTNunca he tenido
claro eso del cambio de hora. Posiblemente el ahorro energético sí que sea
sustancial y aprovechemos mejor las horas de sol en el país de la luz solar.
Ya nos va bien porque,
con la gran duda que supone el no saber cuánto vamos a pagar de recibo de la
luz cada hora, el poder apagar durante un par de horas al día los alógenos, los
tubos fluorescentes y demás bombillas y calefactores será, sin duda, un
descanso para nuestros bolsillos.
Pero, entre el lio
de aquello de que: “si ahora son las
siete, antes eran las ocho. Perdone usted por el retraso pero es que todavía no
me había cambiado de hora el reloj”, como si la mayoría no les cambiara la
hora de forma automática su smatrphone, su tablet, o su ordenador. Y que
nuestros biorritmos nos pegarán la oreja a la almohada durante unos días, diga
lo que diga el despertador. Vamos a ir un buen rato con el paso cambiado, hasta
que nos ajustemos.
Sin embargo, la
cuestión que quiero plantearles no es esa, ya que es la de todos los años y ya
está muy manida. Imagínese usted que un
gobierno que tiene el poder de cambiar la hora, adelantándola o atrasándola, le
diera por adelantarla, digamos diez años. Cierto que todos seríamos una década
más viejos. Cierto que nos costaría ajustar el paso. Pero igual va y ya
habríamos pasado esta crisis ciclópea.
Ahora bien, si para
salir de la crisis, las únicas ideas que han tenido la Troika y nuestros
gobiernos ha sido recortar y recortar,
igualmente, si nos adelantan el reloj diez años, los recortes se evidencian
muchísimo más.
Imaginemos.
Nuestros hijos, con dos lustros más encima de sus espaldas, trabajando de
becarios pero sin beca. Nuestra quebradiza salud financiada a través de
nuestros bolsillos por la seguridad social y por el seguro suplementario que
tendremos que suscribir si queremos llegar a los mínimos de la pre-crisis.
Trabajadores sin derechos. O, mejor dicho, sin poder ejercer los pocos que le
queden, ya que entre la competencia para conseguir un puesto de trabajo y la
escasez de estos, será Jauja para los contratadores sin escrúpulos.
Es posible que, si
adelantáramos diez años nuestros relojes viéramos los efectos de la evolución
humana un poco más marcados. Me refiero a que nuestros ojos irían adoptando un
sesgo rasgado, como el de los orientales (chinos, vietnamitas, thailandeses,
etc…) cuyos derechos como trabajadores han sido siempre los mismos. Es decir
ninguno.
Aquí, en España,
dentro de diez años, todos chinos. Perdón, los altos directivos no, claro. Solo
la clase media y trabajadora.
Otra opción es
atrasar diez años el reloj, y plantarnos en 2004, con una gran burbuja
achampañada, llena de especulación y felices años en los que corría el dinero
de las cajas de ahorros por nuestros bolsillos.
Ahora bien, no sé
si podríamos volver a pasar lo pasado. Bien mirado, mejor que se limiten a
adelantar o atrasar una sola hora. Mucho mejor.
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