10 sÃntomas de que a los valencianos nos cuesta defender lo nuestro, aunque si eres de la 'terreta' desgraciadamente te la traerá al pairo. Asà nos va.
1. La huerta se muere… pero seguimos diciendo "qué bonita es"
La Huerta de Valencia es uno de los paisajes agrÃcolas más singulares de Europa: siglos de cultura del agua, acequias históricas y producción local.
Pero cada año pierde terreno. Nuestros agricultores se mueren, literalmente, sin recambios, hastiados, sin futuro.
Urbanización, abandono agrÃcola, falta de relevo generacional.
Y mientras tanto hacemos lo que mejor sabemos: decir que "la huerta es única"… mientras desaparece lentamente. Es preciosa pero no es un museo.
2. La financiación injusta: todos lo saben, pero nadie aprieta de verdad
El Sistema de financiación autonómica de España lleva años situando a la Comunidad Valenciana como la autonomÃa peor financiada por habitante.
Lo dicen economistas, lo reconocen partidos y lo repiten los informes. De vez en cuando, incluso hay alguna manifestación-poco secundada, porque somos gilipollas- y pancartas en balcones de ayuntamientos.
Pero a diferencia de otros territorios donde estas cuestiones se convierten en reivindicaciones permanentes, aquà el tema aparece y desaparece sin convertirse nunca en una presión constante de toda la sociedad.
3. Televisión pública: debate superficial
Se cerró Radiotelevisión Valenciana.
Después nació muerta À Punt. Con un tongo de concurso público amañado y con la peor directora, sectaria.
Pero el debate sobre los medios públicos suele quedarse en la superficie: o se defiende sin crÃtica o se rechaza frontalmente.
Rara vez se discute en profundidad qué papel deberÃa jugar una televisión valenciana fuerte para la lengua, la cultura o la información propia.
Se politiza todo y se impide un proyecto potente sostenido en el tiempo.
4. Infraestructuras estratégicas eternamente prometidas
El Corredor Mediterráneo es clave para exportaciones, puertos y logÃstica.
Sin embargo, lleva décadas acumulando retrasos.
En otras regiones este tipo de proyectos se convierten en causa polÃtica permanente.
Aquà muchas veces se queda en titulares, jornadas institucionales y promesas.
Ni cercanÃas, ni el tren Gandia-Dénia, ni el soterramiento de las vÃas del Parque Central de Valencia.
5. El ruido polÃtico tapa los problemas estructurales
El debate público gira con frecuencia alrededor de lÃderes concretos, como el presidente Carlos Mazón por la DANA.
Mientras tanto, cuestiones estructurales -planificación territorial, agua, prevención de riesgos, modelo productivo- reciben mucha menos atención sostenida. Ponemos el acento en Mazón, buscando un chivo expiatorio de la dejadez del Estado.
Es más fácil discutir sobre personas que sobre polÃticas a largo plazo.
6. Transporte público de tercera
En muchas zonas de la comunidad el transporte público sigue siendo lento, irregular o insuficiente.
Las cercanÃas operadas por Renfe acumulan retrasos, incidencias y proyectos eternos. Del AVE ya ni hablamos, un peligro.
Para una región con gran peso económico, el sistema de movilidad pública muchas veces parece claramente por debajo de lo que corresponderÃa.
7. El derecho civil valenciano: una reivindicación que no moviliza
El Derecho civil valenciano, heredero de los Furs de Valencia, fue parcialmente recuperado en el siglo XXI.
Pero varias leyes fueron anuladas por el Tribunal Constitucional.
Desde entonces existe una reivindicación para recuperar plenamente esa competencia mediante reforma constitucional.
Sin embargo, más allá de juristas y asociaciones concretas, el tema apenas ha generado movilización social amplia. Los polÃticos que aquà lo han reivindicado, se vuelven transparentes en Madrid.
8. Una prensa valenciana débil y poco combativa
Mientras otras comunidades tienen grandes cabeceras claramente territoriales, en la Comunidad Valenciana gran parte del ecosistema mediático depende de grupos externos como la catalana Prensa Ibérica, próxima al PSOE, o Vocento, que apoya a la derecha.
Eso limita la construcción de una agenda informativa plenamente valenciana.
Pero el problema no es solo empresarial.
Parte del periodismo que se presenta como "muy valenciano" acaba muchas veces alineado con los partidos polÃticos a los que es ideológicamente afÃn.
Más que ejercer presión crÃtica para defender intereses valencianos comunes, algunos medios funcionan como altavoces de trincheras polÃticas.
Y cuando la defensa de lo valenciano depende del color polÃtico del momento, deja de ser una causa compartida para convertirse en un argumento partidista.
9. Grandes empresarios… pero poca fuerza colectiva de pymes
La Comunidad Valenciana tiene empresarios y empresas relevantes en sectores clave.
Pero no solo de Mercadona vive el valenciano. La economÃa valenciana se basa sobre todo en miles de pymes y autónomos.
Ese tejido empresarial, que es el verdadero motor económico del territorio, rara vez actúa con una voz colectiva fuerte cuando se trata de defender cuestiones estratégicas como infraestructuras, financiación o polÃtica industrial.
Mucho talento empresarial individual… pero poca presión conjunta.
10. Mucho ingenio, poca presión colectiva
El valenciano tiene fama de creativo, festivo e ingenioso.
Nos gusta el humor, el debate animado y la ironÃa.
Pero cuando se trata de defender intereses comunes como territorio, esa energÃa social no siempre se traduce en presión sostenida. Ofrendamos nuevas glorias, tiramos petardos y hacemos paella o arròs al forn. I demà més però no millor.
En definitiva, Valencia tiene talento, cultura, economÃa y una identidad potentÃsima.
El dÃa que aprendamos a defender todo eso con la misma energÃa con la que sabemos celebrarlo, empezará la verdadera revolución valenciana.
Es broma. No tenemos arreglo.