Europa vuelve a encontrarse ante uno de esos momentos decisivos que marcan generaciones. La historia no avisa dos veces, y hoy, más que nunca, el proyecto europeo necesita reconstruirse con ambición, liderazgo y una visión estratégica que supere la ingenuidad de décadas pasadas. Porque el mundo cambia muy rápido.
La reciente deriva polÃtica internacional, con el retorno de Donald Trump al primer plano y su impulso indirecto a liderazgos claramente proeuropeos -como el simbolismo de las victorias polÃticas frente al modelo iliberal de Viktor Orbán-, evidencia que la Unión Europea ya no puede permitirse la complacencia. La amenaza no es solo externa, también es interna: la erosión de los valores democráticos y la tentación de repliegue nacionalista.
Europa debe dar un paso adelante y asumir su papel en el mundo. Y eso pasa, inevitablemente, por dotarse de un ejército propio. No como un gesto simbólico, sino como una herramienta real de defensa y disuasión. La guerra en Ucrania ha demostrado que la seguridad europea no puede depender eternamente de terceros. Integrar a Ucrania de forma inmediata en la Unión no es solo un acto de solidaridad: es una decisión estratégica que refuerza el proyecto común frente al expansionismo ruso.
Pero la reconstrucción europea no puede limitarse al ámbito militar. Los valores de libertad, democracia y derechos sociales solo pueden defenderse desde la unidad, una economÃa sólida y una polÃtica exterior coherente. Europa necesita avanzar hacia una polÃtica común -firme, incluso "comunitaria" en su concepción más profunda- que integre defensa, seguridad y acción exterior como pilares indivisibles.
Durante demasiado tiempo, la Unión ha confiado en Estados Unidos como aliado inquebrantable. Hoy esa confianza ya no puede darse por supuesta. Trump ha dejado claro que Washington actúa en función de sus propios intereses, sin garantizar el equilibrio global que durante décadas sostuvo el orden occidental. Europa debe asumir que Estados Unidos no es siempre un socio fiable. Y en estos momentos, además, es un peligro para el orden internacional.
Ante este nuevo tablero geopolÃtico, la respuesta no puede ser la fragmentación. Al contrario: es imprescindible construir un frente común frente a potencias como China, Rusia y, cuando sea necesario, incluso frente a decisiones unilaterales de Estados Unidos. Solo desde la unidad, la fortaleza económica y la determinación polÃtica podrá Europa defender su modelo de sociedad.
La reconstrucción europea no es una opción. Es una urgencia histórica.