Somos varias las generaciones que, cuando oÃmos hablar de "cerca y lejos", "derecha e izquierda" o "arriba y abajo" viajamos de inmediato con la mente a un conocido barrio, Barrio Sésamo. AllÃ, Coco, un encantador monstruito azul, nos enseñaba cada dÃa, inasequible al desaliento, las diferencias entre todos estos conceptos básicos.
Coco nos mostró, con sus paseos atrás y adelante, la diferencia entre lejos y cerca. Ahora estoy lejos, ahora estoy cerca. Pero lo que no nos enseñó es la diferencia en la importancia de las cosas según lo lejos que se encuentren y salvo, claro está, que exista algún motivo extra para colarse en el ranking de nuestras preocupaciones.
Recordaba estas diferencias cuando, en estos dÃas, veÃa algo -poco- en relación con los miles de muertos causados por este resurgimiento del virus del Ébola, si es que alguna vez dejó de estar ahÃ. Apenas si hemos hecho caso. Unos pocos segundos del informativo hablado alguna vez y, con un poco de suerte, una referencia genérica al recuento de fallecidos en los rótulos que corren por debajo de las imágenes de cualquier otra noticia.
Me acordaba de lo mucho que nos alarmamos en su dÃa. De las horas de información que dedicaron a la muerte de un sacerdote español contagiado allà y el contagio de una de las sanitarias que lo trató aquà y que, por fortuna, pudo recuperarse, aunque jamás pudo volver a su perro, sacrificado porque lo entendieron necesario. En aquellos dÃas el sacerdote, su comunidad, la auxiliar de enfermerÃa, la mascota, el hospital y todo lo que pudiera relacionarse con ellos hicieron correr rÃos de tinta. ¿Y por qué, cuando el problema era mucho más grave en el lugar de donde venÃa? Pues, eso, porque ahora estaba cerca. Y antes estaba lejos. Y, aunque Coco hiciera que parecieran dos cosas comparables, no lo son.
En su momento nos asustó mucho la cosa, aunque hay que reconocer que no desde el principio, más allá de recordarnos a alguna pelÃcula de intriga. El momento en que se nos saltaron las alarmas fue cuando, al trasladar al sacerdote contagiado a nuestro paÃs, nos trajeron toda la dimensión de ese drama humano que es una epidemia, Y se disparó la preocupación cuando comprobamos que, a pesar de todos los medios de prevención, de los trajes protectores y todo tipo de aislamiento, era posible el contagio, con lo que ello supone.
Eso era cerca. Lejos, lo que aquà era excepción por el escasÃsimo número de casos era regla general y lo que aquà eran todo tipo de medidas preventivas allà era casi ninguna de ellas. Pero el miedo es libre y es, además, un buen tema para vender periódicos o ganar audiencias. Aunque sea duro reconocerlo.
Ahora mismo hay un recrudecimiento de la crisis del Ébola en el continente africano, con todas esas cosas que ayudan al bicho a expandirse como son la pobreza y el desconocimiento. Pero están, aunque no abran informativos ni ocupen portadas. Ojalá se reaccione sin necesidad de que el mal se exporte -y ojalá esto no ocurre- y se ponga en marcha la verdadera solidaridad. Porque hay muchas personas pasándolo mal fuera de España, más allá de esos paÃses que dan rédito polÃtico.