Mi familia paterna, hunde sus raÃces en la historia de la fértil huerta valenciana. Eso ha sido causa firme de la temática de mi último trabajo literario, "Juan Bautista Benlloch y Vivó. Cardenal Arzobispo de Burgos. Un valenciano universal". El protagonista de mis letras fue primo hermano de mi tatarabuelo, Salvador Vivó Cervera, fundador junto a su hermano de uno de los huertos de flores más importantes de Valencia.
Soy una mujer muy vinculada a la Iglesia. Mi Padre Espiritual, Canónigo Emérito de la Catedral de Valencia, D. Jaime Sancho Andreu, no ha ahorrado en horas para dedicarme, me ha concedido el tiempo necesario para poder comprender y entender, en el contexto adecuado me ha regalado gozar hablando de mi antepasado más ilustre, el Cardenal Benlloch. En una de nuestras charlas, no recuerdo el motivo brotó el nombre de D. Marcelino Olaechea, un dardo al corazón para una mujer como yo, amante de los tiempos pasados.
El primer obispo salesiano de España, nació en Baracaldo, Vizcaya, el 9 de enero de 1889. Durante los difÃciles años de la Guerra Civil española, ocupó el cargo de Obispo de Pamplona. Es verdaderamente inolvidable su sermón del 15 de noviembre de 1936 "No más sangre". Esas palabras fueron espejo de un hombre pleno de valentÃa y amor pues en ellas condenó ejecuciones y linchamientos.
El 16 de febrero del año 1946, es elegido Arzobispo de Valencia. Ese año, en agosto, varios meses después, nació mi padre e inevitablemente me enternezco. El traslado supuso un cambio muy invasivo en su vida, pasó de una diócesis relativamente pequeña a otra mucho más amplia. Además, desde el punto de vista polÃtico Valencia se mantuvo en zona republicana durante todo el litigio.
La Valencia encontrada por tan ilustre caballero era una ciudad tremendamente huertana. Las consecuencias de la guerra aún eran factibles en el ambiente, luego su reto era muy fuerte. Su nombramiento provocó una ola de entusiasmo en esta provincia besada por el mar Mediterráneo llenando de esperanza a los habitantes de la Archidiócesis y tenÃan motivos para ello.
El 14 de julio, de ese mismo año hace su entrada en Algar, primer pueblo viniendo desde Pamplona, para dirigirse a Valencia Capital a ser recibido por las autoridades civiles y eclesiásticas en la Puerta de Serranos. El Alcalde, Conde de Trénor, le entregó las llaves y, simbólicamente abrió las puertas a quien deseara entrar.
Poco a poco fue conociendo diferentes estatutos y monumentos tanto civiles como eclesiásticos, la Plaza de Tetuán, CapitanÃa Militar, donde asistió a un desfile preparado en su honor, hizo un recorrido a pie por la Calle de la Paz, y ya en la Catedral, demostró ser un hombre amante de Fe pues sus palabras se cimentaron en sus expectativas de mejora.
Un programa de atención pastoral, un nuevo seminario… para todo lo cual puso como intercesores a Santos valencianos y la Virgen de los Desamparados. Su corazón se encogió por la emoción al venerar el Santo Cáliz y poder besar la mano de la Patrona de Valencia.
Arrancó el motor y metió la primera, la biografÃa de D. Marcelino Olaechea en Valencia va siempre a toda potencia, la Escuela de deportes de la Iglesia, el Instituto femenino "Vita et Pax", en convictorio sacerdotal de San Eugenio. No debemos olvidar algo a la llegada de nuestro protagonista la A.C era el grupo más predispuesto a sus iniciativas y, D. Marcelino supo sacarle provecho. Estuvo comprometido con la educación, la formación, apoyando al estudiante trabajador, a quien puso bajo el cuidado de San Juan Bosco.
Su compromiso social con pobres y necesitados fue pleno. Asà nació el Banco de Nuestra Señora de los Desamparados. El objetivo de esta institución era financiar la construcción de viviendas protegidas, la asistencia médica y farmacéutica de las personas necesitadas o incluso marginadas, de ahà ese famoso barrio de San Marcelino. Y todo eso lo realizó sin dejar de viajar por toda España e incluso asistir a actos sociales a los cuales era invitado. Su presencia era precisada por un carácter urbano, sociable… Convirtió Valencia en la casa de miembros de la Iglesia "Juntos caminando al encuentro del Señor".
Al cumplir los 75 años presentó su renuncia, aceptada por el Papa Pablo VI el 19 de noviembre de 1.916. Era un hombre valiente, además de defensor de sus creencias de la dignidad y el bienestar de las personas, especialmente de los trabajadores.
El 21 de octubre de 1.972, respondió a la llamada de Dios Nuestro Señor y, sus restos mortales descansan en la Capilla de Santo Tomás de Villanueva de la Catedral de Valencia, en esta tierra de las flores por la cual tanto luchó.
R. I. P. Marcelino Olaechea, Arzobispo de Valencia
Amén.