Entre nubes y lluvias, la tarde del domingo, me llega por Instagram uno de las muchas impactos que continuamente nos ilustran las Redes Sociales.
Me ha parecido interesante pararme a leerlo, meditarlo y valorarlo. No soy ningún especialista cualificado en saber la veracidad de estas afirmaciones, aunque si me produce una profunda identidad, el conocer el contenido de cada frase.
En primer lugar por RESPETO a quienes son DIFAMADOS INJUSTAMENTE, en segundo y último lugar en SOLIDARIDAD con estas personas, ante el maltrato y violencia que sufren. No hay minutos de silencio para ellas.
El texto dice así: "La campaña de DIFAMACIÓN: es una de las experiencias MÁS devastadoras.
No solo es MENTIRA. Es una estrategia de DESTRUCCIÓN. El difamador rara vez da la cara.
Construye la narrativa poco a poco. Ladrillo por ladrillo. Mientras otros repiten la historia... los llamados "monos voladores". Y muchas veces dura meses o años.
La víctima queda en una posición de ENORME INDEFENSIÓN. Confusión. Dolor. Impotencia. Terror. Sensación de injusticia. Y muchas veces sin el apoyo legal o social que necesita.
El entorno suele decir cosas como: "Bloquéalos". "Olvídate"."No les hagas caso". Pero cuando hay acoso coordinado desde varios frentes, no siempre es tan simple.
Una de las cosas más aterradoras es la PROYECCIÓN. El difamador te acusa EXACTAMENTE de lo QUE TE HIZO. De pronto escuchas historias sobre ti... que describen LO QUE TÚ VIVISTE.
Mientras tanto, la víctima SOLO quiere UNA cosa: Que la dejen en paz. No destruir. No difamar. Solo recuperar su vida. Hay una etapa delicada del proceso.
La víctima está tan hundida... que NO necesita consejos. No necesita que le digan qué hacer. NECESITA algo mucho más simple: QUE LE CREAN.
Lo que MÁS AYUDA en ese momento es: "Te creo", "No estás loco/a". "Esto que estás viviendo es muy duro". "Estoy contigo". "Te acompaño"… La validación puede ser un salvavidas.
Muchas víctimas no pueden hablar:
Por miedo. Por peligro. Por agotamiento. Por eso hay personas (que no están en peligro) deciden alzar la voz.
No para destruir a nadie. No para crear más violencia. Sino para decir la verdad. Y para que otras víctimas sepan que no están solas".
Son días de reivindicación, de silencios angustiosos ante las muchas tragedias que está viviendo el mundo, NUESTRO MUNDO, pero en medio de todo ese desgarro no olvidemos que el daño que se hace a una persona DIFAMADA INJUSTAMENTE es irreparable, a pesar de que el Karma, la Justicia Divina… o el tiempo neutralice la situación. Otra cosa es la miseria de la mente humana, que hace viable que el difamador siga su camino como si nada pasara…
A la la larga el difamador y solo él conoce en verdad la pobreza de su ser.
El perdón que ofrece el difamado le libera la mente, le ablanda el corazón y abraza con sinceridad la gloriosa experiencia de que el DIFAMADOR jamás PIDIÓ PERDÓN. Aunque el DIFAMADO VIVE EN PAZ y va, CON LA CABEZA BIEN ALTA.
José Salvador Murgui Soriano.
Cronista Oficial de Casinos.
Académico Correspondiente de la Sección de Cronistas Oficiales de la R.A.C.V.