Kirk Jones (Despertando a Ned, La niñera mágica) saca lo mejor de su sensibilidad cinematográfica en este interesante y emotivo biopic. Recrea una historia real de frustración, exclusión, lucha y superación, condicionada por el extraño e irreversible trastorno neurológico que sufre el protagonista. La aborda sin renunciar al humor y con un loable ánimo educativo. Ello cobra especial importancia ahora que tanto se habla del acoso y la discriminación por diferentes razones. Todos los actores nos brindan unas interpretaciones extraordinarias. Invitan a que el espectador empatice y se conmueva con sus personajes.
A los 14 años, John Davidson alternaba los estudios con el fútbol. Soñaba con ser portero profesional y apuntaba unas maneras prometedoras bajo los palos. Sin embargo, de repente, empezó a manifestar unos tics motores y vocales incontrolables. Nadie conocía las causas de sus bruscas sacudidas ni por qué pronunciaba palabras malsonantes sin motivo. Tal circunstancia le acarreó problemas en diversos ámbitos. Más tarde, le diagnosticaron el síndrome de Tourette, pero eso no le libró completamente del rechazo.
El guion acierta a marcar los tiempos, acotando sucesivamente etapas de distinto cariz y estableciendo los contrastes oportunos. Especialmente, impacta el tránsito de la camaradería y admiración deportiva a la marginación e incomprensión generalizada. Con ese apartado busca sensibilizar al público. Denuncia la ignorancia y la falta de tacto ante comportamientos anómalos, pese a que evidencien una disfunción patológica.
Profundiza en la transformación que experimenta este joven de buen corazón conforme va venciendo a las adversidades. Enlaza esos cambios con unas valiosas lecturas pedagógicas.
Aunque toca la fibra sensible, en muchos momentos logra provocar algunas carcajadas intencionadamente, con situaciones y reacciones singulares que no menoscaban el drama subyacente; siendo este uno de los mayores méritos del filme.
La dirección artística proporciona la ambientación adecuada a cada periodo de un relato que comienza en 1983. Las canciones de New Order, Oasis y Supergass, entre otros grupos, también contribuyen a ese propósito.
Robert Aramayo, justo ganador de dos premios BAFTA por este trabajo, borda su papel. Además, procede destacar las participaciones de Maxine Peake (Dance First), Peter Mullan (Mi nombre es Joe), Shirley Henderson (El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie)) y del actor novel Scott Ellis Watson.
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