Por trabajo, décadas atrás viajaba con frecuencia a Londres. Me encantaba la oportunidad; aunque me disgustaba una de las acciones que conllevaba: la de utilizar su metro. Principalmente la saturada Central Line, que recorre su cogollo urbano, también denominada Red Line por su tono de color.
Me agobiaba tener que zambullirme entre la multitud que abarrota sus vagones y que repite el manido "sorry" para excusar empujones más o menos intencionados con el fin de hacerse un raquítico hueco. Y con el cierre de puertas amenazando la integridad física de quien entra al límite de espacio.
Ahora esa misma situación se vive en Valencia. Tal cual excepto -aunque no siempre- el "sorry". Sucede de forma cotidiana en la Línea 1, por ejemplo, aunque no solamente. Tampoco de manera concreta en estaciones céntricas como Ángel Guimerá o Plaza de España, sino que se extiende a otras que resultaban residuales en el pasado como Beniferri o Faitanar, esta última en la Línea 3. La epicéntrica Empalme engulle y supura a miles de pasajeros. Los vagones procedentes de Bétera o Llíria conducen, ya desde Seminari o Paterna, a sus ocupantes apretujados.
No se trata de avisar de incomodidad para quien se desplaza en metro, que también, sino de alarmar ante el riesgo de que en cualquier momento se produzca un incidente. No me refiero tanto a viario, sino a altercado por empujones, encontronazos, robos o lo que pueda surgir. Introducir a cientos de personas hacinadas, con sus caras a escasos centímetros, bajo tierra no resulta una experiencia inocua.
Ya estamos como Londres, aunque, a diferencia de la capital británica, la frecuencia de paso en Valencia resulta inferior. Los trenes no aparecen en la estación cada cinco minutos o incluso menos, sino que se demoran diez o quince respecto al anterior, en los mejores casos. La situación merece un debate intenso y, sobre todo, soluciones urgentes. Resulta evidente que pasan por reducir los tiempos de espera para evitar la masificación. El problema, que se agrava a diario, corre el riesgo de estallar.