El nuevo largometraje de Salvador Calvo (1898: Los últimos de Filipinas, Adú, Valle de sombras), basado en hechos reales, resulta tan interesante como intenso. Evidencia una realización loable, fundamental para la historia que cuenta, donde las potentes emociones deportivas se unen a las circunstancias íntimas de sus protagonistas. Algunos de ellos fueron famosos, pero los que no los conozcan, se verán sorprendidos en varios momentos, especialmente durante la primera hora. Luego, muchos de los acontecimientos que esconde se intuyen con antelación. Hay que aplaudir también la implicación dramática y física del reparto.
Cinco amigos, aficionados al paracaidismo y a la escalada, deciden probar los peligrosos saltos BASE. Conforme van practicando y adquiriendo experiencia, se proponen el difícil reto de lanzarse desde la Torre Sin Nombre, en Pakistán. La arriesgada aventura requiere contar con unos patrocinadores dispuestos a invertir en esta locura. Al principio, una productora se muestra interesada; podría filmarse un documental excitante. Sin embargo, adversidades de distinta índole se acumulan en poco tiempo.
Las primeras secuencias meten prácticamente al espectador en la piel de estos personajes. Los acompañamos en sus caídas libres, rodadas con tal pericia que nos transportan a los cielos. Consigue aproximarnos a las sensaciones que experimentan y les motivan.
Una entrevista televisiva vertebra las hazañas que se recrean. Este recurso, contrariamente a lo que pudiera pensarse, no molesta. De hecho, mientras relatan esos recuerdos, reviven unos episodios sumamente delicados y conmovedores.
La honestidad del guion se percibe al introducir a quienes les rodean. Confronta y argumenta diferentes perspectivas, aunque logra explicar muy bien la pasión adrenalínica que les mueve a jugarse el tipo. Igualmente, subraya su camaradería y transmite impresiones positivas.
Los paisajes naturales por los que transcurre dotan de una belleza añadida a las proezas que escenifica. La notable banda sonora compuesta por Roque Baños (800 balas, Las 13 rosas) las acompaña sin alterar el realismo con que se plasman.
Carlos Cuevas (La ternura, El 47), Miguel Bernardeau (Querer) y Miguel Ángel Silvestre aportan unas convincentes interpretaciones. Les secundan perfectamente Candela González (Mi soledad tiene alas), Stéphanie Magnin (Segundo premio) y José Manuel Poga (Grupo 7).
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