El mayor mérito de este thriller policial radica en que nunca se relaja. Una narración vigorosa acompaña a su elaborado guion, que multiplica los elementos intrigantes. Ello le permite minimizar la acción sin que el filme se resienta. Resulta fundamental la descripción de los cuatro implicados en la trama, que presentan perfiles muy distintos. Con los detalles justos revela lo suficiente para despertar el interés. También adquieren relevancia sus respectivas circunstancias particulares, lo que les dota de solidez.
Mike Davis es un escurridizo ladrón de guante blanco que se dedica a robar joyas y diamantes. Ignora que el joven y violento Ormon le sigue la pista con el propósito de anticiparse a sus calculados golpes. Además, se ha convertido en la gran obsesión del teniente Lou Lubesnick, aunque ningún compañero de la comisaría comparte la hipótesis criminal que él sostiene. Por otra parte, Sharon Combs, una agente de seguros que vende pólizas millonarias a hombres inmensamente ricos, no se siente reconocida en su empresa. Inesperadamente, los destinos de estos personajes terminarán convergiendo.
Bart Layton (El Impostor) adapta el relato corto Crime 101, del escritor Don Winslow, especializado en novela negra, y aprovecha todo su potencial. Lo lleva a las dos horas y veinte minutos de metraje, que transcurren con una agradecida fluidez. Controla bien el ritmo de la historia prestando atención a los protagonistas sin descuidar el suspense e introduciendo algunas escenas vibrantes.
Conforme avanza la película, descubrimos que esconde lecturas de calado social. Lo hace al aludir al pasado del elegante delincuente, que se aproxima a un Robin Hood moderno. Igualmente, incide en la abismal diferencia de estatus al pasear la cámara por unas avenidas donde viven muchos indigentes. Amplía esas intenciones al ámbito laboral en diferentes niveles y ocupaciones.
Los últimos compases incluyen un pequeño homenaje a Steve McQueen (Bullitt, El caso de Thomas Crown). Y el desenlace, sin abusar de artificios, pone el colofón adecuado, redondeado por el acertado epílogo.
Un atraco y una persecución motorizada por las calles de Los Ángeles son secuencias en las que el director demuestra su pericia técnica. Esta buena factura se extiende al resto de apartados.
Chris Hemsworth cambia sus registros habituales y convence en el rol de un tipo introvertido. Le supera el siempre eficaz Mark Ruffalo, y Halle Berry recupera su mejor versión. Completan el lujoso reparto Barry Keoghan (Dunkerque), Nick Nolte y Jennifer Jason Leigh.