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SUSANA GISBERT

Claves

Portavoz de la Fiscalía Provincial de València
- 05/04/2019
Susana Gisbert. EPDA Susana Gisbert. EPDA

Cuando era niña y adolescente, había un programa de televisión muy comentado llamado La clave. En él, tras ver una película, debatían con educación acerca de temas de actualidad. Sin quitarse la palabra unos a otros, gritarse ni insultarse, al menos que yo recuerde. Nada parecido, por cierto, a la mayoría de debates televisivos que vemos hoy en día.

Por eso, si me hablaban de "claves", me venía a la cabeza el programa de televisión o la clave de sol con la que empezaban los pentagramas -o de fa, conforme se avanzaba en el solfeo-. También lo relacionaba con un instrumento de percusión que usábamos en el colegio para acompañar villancicos y otras canciones. Pero eso es -nunca mejor dicho- otro cantar.

Ahora se utiliza el término "clave" como si fuera el comodín del público de un programa concurso para interpretar o justificar cualquier cosa que se diga, por absurda que parezca. Y, por supuesto, llegado el tiempo en que vamos a tener que votar hasta cuatro veces, ahora todo se ha de interpretar el clave electoral. Como si eso fuera una patente de corso.

La verdad es que mal están las cosas cuando se tienen que reinterpretar acudiendo a determinadas claves, como si estuviéramos ante un jeroglífico y necesitáramos la piedra Roseta. Es más, mal están las cosas cuando necesitan algún tipo de interpretación.

Se supone que quienes trabajan con las palabras, especialmente si se trata de políticos, deberían de hablar claro. Lo suyo sería que se expresaran en tales términos que no hiciera falta interpretación alguna, ni en clave electoral ni en ninguna otra. Pero nos estamos acostumbrando a que no digan nada, que no se entienda lo que dicen, o que no nos guste y haya que verlo de otra manera. Mal en cualquiera de los tres casos.

Yo no quiero tener que interpretar nada. Quiero saber qué es lo que ofrecen, qué es lo que pretenden hacer y cómo van a conseguirlo. Para podérselo reclamar luego, si llegan al poder y hacen lo contrario. Porque el voto debería ser la garantía que nos dé derecho a reclamar si, como dice la propaganda de los grandes almacenes, no hemos quedado satisfechos.

Señoras y señores políticos, vienen tiempos duros. Tiempos en que vamos a tenernos que ver las caras una y otra vez a uno y otro lado del televisor, de los periódicos o de las pantallas de nuestros dispositivos. No nos lo pongan más difícil, que bastante tenemos con lo que hay. Y ustedes, señorees y señoras comentaristas, tertulianos, o periodistas de cualquier signo -o mejor aún, de ningún sitio- ayuden un poquito. No nos vengan con claves para explicarnos que la tierra no es redonda.

No nos tomen por tontos. Ni por tontas, claro está.

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