Miguel Á. Martín. El fin ha comenzado
Yo no sé ustedes,
pero yo tengo la sensación de que vivimos el final de una época; no me
pregunten si la que viene será mejor, no lo sé. Lo que si tengo claro es que lo
que venga dependerá de nosotros, de la ciudadanía. Los resultados de las
recientes elecciones europeas lo han dejado claro. El éxito de Podemos, puede
ser más profundo de lo que algunos parecen querer pensar. Los votos a este
joven partido vienen en un 26% de ex votantes del PSOE, y en un 25 % de IU; el
resto se lo han arrancado a la abstención. Algo sin duda de una gran
significación demoscópica. Mientras en el PSOE, siguen pensando que su
problema, es un problema de “caras”; Siguen creyendo que la política española
es como la tortilla del mismo nombre: una vez estas arriba y otra abajo. Yo les
recomendaría a las elites del PSOE que llamen a Grecia, si conocen a algún cargo
o militante del PASOK y pregúnteles que lugar ocupa el homólogo socialista
español en el ranking griego de partidos políticos (creo que ya es la cuarta
fuerza política y bajando).
También le
recomendaría a Cayo Lara que este rápido afán por establecer primarias, lo
podía haber puesto en marcha antes de colarnos por tercera vez a Willy Meyer; y
por favor la política no es una carrera profesional, uno no asciende desde
unas cortes autonómicas a las europeas sin pasar por el mundo laboral. La gente
normal, está cansada de las imposturas, decimos una cosa y luego hacemos otra,
que curiosamente es casi lo mismo que hacen los grandes a los que criticamos.
Por eso, estoy
contento con el triunfo de Podemos, por que plantean lo que la gente está
pensando, pro que parten de los problemas sentidos de los ciudadano/as; y no
por hacer sondeos, sino porque es la ciudadanía la que hace con su
participación activa ese discurso. Aunque reconozco que son muchos los retos
que tienen por delante. El principal es no convertirse en aquello que uno
critica. Ser capaz de sumar, de poner por delante lo que nos une, lo urgente.
No lo que nos separa. Estamos asistiendo a otra manera de hacer política,
esperemos que en esta segunda “transición” a la que estamos asistiendo, los
cambios se hagan en la calle con la gente, y no en los despachos. El fin ha
comenzado.
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