La evolución del índice de envejecimiento en la Comunitat Valenciana muestra una tendencia al alza que, año tras año, marca un nuevo máximo histórico. Una progresión que, además, se está acelerando: solo en el último ejercicio el indicador ha aumentado un 3,3% (4,6 puntos porcentuales), el mayor crecimiento registrado hasta la fecha y que sitúa la cifra en un 142,9% (casi 143 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16).
Detrás de esta realidad se combinan diferentes factores, especialmente, una natalidad persistentemente baja y una esperanza de vida en aumento, que configuran un escenario demográfico cada vez más desequilibrado.
Contrasta la cifra actual (142,9%) con la de finales del siglo XX (en el año 2000 la Comunitat Valenciana aún era una región joven, con un índice de envejecimiento del 98,9%). Es a partir del año 2001 cuando la región se convierte en envejecida, con una tasa que supera por primera vez el 100% (101,8%) y que aumenta cada año, si bien es cierto que entre los años 2002 y 2008 hubo cierta contención por el efecto inmigración.
A partir de entonces, la cifra no deja de crecer y en el último lustro lo ha hecho en un 15% (en 2020 la tasa de envejecimiento era del 124,7%).
Este fenómeno no solo redefine la pirámide poblacional, sino que plantea implicaciones para el mercado laboral, que deberá afrontar una reducción de la población activa (faltará relevo generacional) y una presión creciente sobre la disponibilidad de talento.
Cerca de la media estatal
Por comunidades autónomas, vuelve a liderar el ranking de envejecimiento Asturias, con un índice de envejecimiento del 265,3% (265 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16), seguida de Galicia (231,6%) y Castilla y León (230,7%). Estas tres comunidades ya presentan más del doble de población mayor 64 años que menor de 16 años.
En el otro extremo, las ciudades autónomas de Ceuta (74,5%) y Melilla (60,4%) son las únicas que resisten con índices aún por debajo de 100%, registrando -todavía- una mayor proporción de jóvenes.
En el caso de la Comunidad Valenciana, la región ocupa el décimo puesto en el ranking de envejecimiento y su índice, del 142,9% se acerca al nacional, de 148%.
Por provincias valencianas, Alicante lidera el ranking de envejecimiento (146%, es decir 146 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16), seguida de Valencia (141,4%) y Castellón (139,6%).
Talento sénior
El país afronta una paradoja estructural: mientras la población envejece y la fuerza laboral es cada vez más sénior, el mercado de trabajo continúa desaprovechando a los profesionales mayores de 45 años y perpetuando barreras que limitan su empleabilidad.
Esta incoherencia se traduce en que, pese a ser un segmento de la población imprescindible para sostener la actividad económica, algunos profesionales mayores de 45 años quedan excluidos de los procesos de selección o pierden su empleo sin lograr reengancharse al mercado laboral, debido a prejuicios y estereotipos que vinculan a “los sénior” con obsolescencia profesional, menor dinamismo o exigencias salariales superiores.
Todo ello dispara las reticencias de los empleadores a la hora de incorporarles a los equipos de trabajo. Como consecuencia, el desempleo en estas edades tiende a cronificarse y, en numerosos casos, se convierte en un puente precario hacia la jubilación, desaprovechando experiencia, talento y capacidad productiva.
Así, el paro de larga duración afecta al 34% de las personas desempleadas, una cifra que se eleva hasta el 48,5% en el caso de las personas mayores de 45 años, y que sigue incrementándose progresivamente con la edad.
Por otra parte, y según el análisis Relevo generacional y talento sénior, desarrollado por el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco el pasado verano, actualmente, en la Comunitat Valenciana hay 539.533 personas entre 6 y 15 años que, en la próxima década, alcanzarán la edad legal para incorporarse al mercado laboral.
Si se aplica la tasa de actividad del 38,6% registrada en la última Encuesta de Población Activa (EPA) para los menores de 25 años en la Comunidad Valenciana podemos estimar que solo 208.260 de estos jóvenes pasarán a formar parte de la población activa en los próximos 10 años.
Esta cifra contrasta de forma significativa con las 579.900 personas de 55 años o más que abandonarán la actividad laboral en ese mismo periodo, según los datos actuales de población activa. En otras palabras, por cada 2,7 personas que se jubilan, solo una se incorpora al mercado laboral, lo que evidencia un llamativo desequilibrio en el relevo generacional.
En suma, la diferencia entre las 579.900 personas de 55 años o más que dejarán de trabajar y los 208.260 jóvenes que previsiblemente se incorporarán a la población activa en la próxima década, se traduce en una brecha de relevo generacional de aproximadamente 371.640 personas.
Desafío estructural
“La Comunitat Valenciana se adentra en una nueva realidad demográfica que desafía la competitividad empresarial y la sostenibilidad del Estado del Bienestar. El índice de envejecimiento no deja de crecer y esta realidad demográfica coloca a la región ante un desafío estructural que no admite más demoras; en este contexto, el edadismo se revela como un fenómeno obsoleto y como un profundo contrasentido. No podemos permitirnos prescindir de la experiencia y la capacidad productiva de los profesionales mayores de 45 años", explica Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco y director de sostenibilidad de The Adecco Group.
De hecho, "si todas las personas mayores de 45 años que actualmente se encuentran en situación de desempleo en la Comunitat Valenciana (129.000) empezaran a trabajar, la brecha de talento derivada de la falta de relevo generacional podría reducirse en un 35%", apunta.
"Esta situación -el pleno empleo de los mayores de 45 años- es evidentemente utópica en términos absolutos, pero pone de manifiesto el enorme potencial desaprovechado y sugiere que la activación del talento sénior constituye una de las palancas más inmediatas y efectivas para sostener nuestra estructura productiva”, explica Mesonero.
En la misma línea añade que: “La modernización de nuestro país pasa, sin duda, por integrar plenamente a las personas sénior en el mercado laboral, a través de políticas activas que favorezcan su empleabilidad, y de estrategias de Diversidad, Equidad e Inclusión orientadas a erradicar el edadismo y a combatir de manera definitiva los sesgos de edad".
"Las organizaciones que sepan aprovechar la experiencia, el conocimiento y la capacidad de adaptación de los profesionales sénior estarán mejor preparadas para afrontar los retos de competitividad, productividad y transformación que exige el contexto actual. Apostar por el talento sénior no es solo una cuestión de responsabilidad social, sino una decisión estratégica para garantizar la sostenibilidad del tejido empresarial y del propio mercado laboral en el largo plazo”, concluye.
Además, para mitigar las consecuencias de la falta de relevo generacional, la apuesta por el talento sénior deberá ir acompañada de un enfoque integral que combine la activación de personas con capacidad para trabajar que actualmente permanecen inactivas -como, por ejemplo, las personas con discapacidad-, el desarrollo de políticas migratorias claramente orientadas al empleo, capaces de atraer y retener aquellos perfiles que el mercado interno no logra cubrir, así como el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial como una palanca clave para automatizar tareas repetitivas, reducir errores y liberar tiempo y recursos que puedan destinarse a actividades de mayor valor añadido.