El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. /EPDA
El problema del PSOE ya no es coyuntural ni atribuible a una mala racha electoral. Es estructural, profundo y, sobre todo, personalista. Pedro Sánchez ha confundido el partido con su figura, las siglas con su biografía, y el proyecto colectivo con su supervivencia política. Esa deriva, que en otros contextos se llamaría sin rodeos caudillismo, está llevando a los socialistas a una cadena de derrotas que amenaza con desembocar en la irrelevancia histórica.
Los datos, por incómodos que resulten, son testarudos. El desplome del voto socialista en Extremadura no se explica solo por trasvases al PP o por el auge de otras fuerzas, como Vox o Podemos, sino por una abstención masiva en barrios donde el PSOE fue durante décadas la referencia natural. Cuando los tuyos dejan de ir a votar, el problema no es el adversario: es la falta de credibilidad. Y esa pérdida de confianza tiene nombres y apellidos.
La corrupción, directa o por tolerancia; el nepotismo, disfrazado de normalidad institucional; y la hipocresía en cuestiones especialmente sensibles como el feminismo, la igualdad o la defensa de las mujeres, han erosionado el discurso moral del socialismo. No basta con proclamar principios si las prácticas los desmienten una y otra vez. El votante de izquierdas castiga más la incoherencia que el error, porque espera ejemplaridad antes que eficacia.
Pedro Sánchez insiste en que “los votantes volverán en las generales”. Lo dice El País, medio afín o próximo al PSOE. Es una frase más cercana al autoengaño que al análisis político. Los votantes no “vuelven” por inercia ni por nostalgia: regresan cuando perciben un proyecto reconocible, honesto y renovado. Y hoy el PSOE aparece agotado, encerrado en una lógica de poder que prioriza resistir un día más en La Moncloa antes que reconstruir una alternativa socialdemócrata creíble.
Por eso, la responsabilidad histórica del actual presidente no es resistir, sino apartarse. Dimitir no sería una traición al partido, sino un acto de lealtad. Abrir un proceso de renovación real —no cosmético— permitiría recuperar el debate interno, el liderazgo plural y la conexión con una base social desencantada. Seguir como hasta ahora solo garantiza más catástrofes electorales, una tras otra, hasta la derrota final y total.
El PSOE es más grande que Pedro Sánchez. Y si él no es capaz de verlo, alguien dentro de sus filas debería recordárselo antes de que sea demasiado tarde.
O el Partido Socialista Obrero Español o el Partido Sanchista OÉ OÉ OÉ.
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