Cómocambian las cosas. Quién nos lo iba a decir cuando las películas e Esteso yPajares nos mostraban a los españolitos de a pie entusiasmados a la par quedeslumbrados por el desembarco de las suecas en nuestras playas y piscinas. Hemospasado del fervor absoluto a la llegada del turismo a la turismofobia. O pocomenos.
Me cuentan que en diversos puntos de mi ciudad deValencia han aparecido pintadas que insultan a los turistas, y les invitan amarcharse, por decirlo de modo fino. Y la verdad es que ni una cosa ni otra.Una vez más, en el medio está la virtud. O debería estarlo.
Es cierto que el modelo turístico que hemos tenidohasta hace nada está en crisis. Que de poco sirve el turismo de borrachera y detodo vale, que reporta muchos más perjuicios que beneficios. Pero también escierto que, en una economía como la nuestra, gran parte del peso del PIB estácentrado en l turismo y todo lo que se mueve a su alrededor, y eso tampoco sepuede olvidar.
No se pudemedir a todo el mundo con el mismo patrón, ni muchísimo menos. No todos losturistas van todo el día en chanclas y traje de baño, de discoteca en discotecay de jarra de cerveza en jarra de cerveza. O de sangría, que para el caso es lomismo. Los hay interesados en otras cosas, que se comportan con educación y quese dejan sus buenas divisas en nuestro país. Estoy segura de que a estos no leshará maldita la gracias encontrarse día sí día también pintadas que lesrecuerdan que no son bienvenidos. Y de estos no podemos permitirnos el lujo de prescindir,así como así.
En definitiva, no se trata de emular a Berlanga, ysalir a la calle vestidas de folklóricas -de fallera, en nuestro caso- cantandolo de que les recibimos con alegría, pero de ahí a recibirlos a patadas hay unmundo. Y se trata de una barrera peligrosa de atravesar, que tal vez no tenga vueltaa atrás.
No nos podemos pegar un tiro al pie. La pandemia,sin ir más lejos, nos demostró que nuestra dependencia del turismo es excesiva,pero la lección a aprender es optar por un turismo más sostenible, y nodenostar a cualquiera que venga de fuera.
Porque el odio nunca es una buena solución. Venga dedonde venga