Estas lÃneas pretenden ser, antes que nada, un educado toque – nunca mejor dicho- de atención a quien corresponda.
El Distrito MarÃtimo de Valencia está compuesto oficialmente por cinco barrios: Natzaret, el Grau, el Cabanyal-Canyamelar, Beteró y la Malva-rosa, pero, para los naturales y vecinos del distrito la división territorial es más sutil y compleja: el Cabanyal y el Canyamelar no son un barrio, sino dos, a los cuales hay que añadir el siempre preterido Cap de França, situado entre el Cabanyal y la Malva-rosa, barrio éste muy a tener en cuenta por hallarse en él la muy pronto centenaria Sociedad Musical Unión de Pescadores.
Tenemos pues, en realidad no cinco sino siete barrios marÃtimos con una población aproximada de 60.000 habitantes. Un dÃa llegará - más pronto que tarde - cuando lo oficial y lo real coincidan, reparándose asà una lacerante y ya demasiado larga injusticia toponÃmica.
Cinco de esos siete barrios tienen la dicha de contar con una entidad cultural dedicada exclusivamente al cultivo y difusión de la música, cada una con su idiosincrasia indisolublemente unida a la de la historia de su barrio – cada uno de ellos tiene una que lo distingue de los demás -.
AsÃ, y comenzando de sur a norte, tenemos el Centre de Música i Dansa en Natzaret, fundado en 1984, le sigue la Agrupació Musical Santa Cecilia del Grau, creada en 1980, vienen a continuación tres que comparten la palabra "Sociedad" en su denominación: la Sociedad Ateneo Musical del Puerto, fundada en 1880 con la denominación Patronato Musical de Pueblo Nuevo del Mar, ubicada en el Canyamelar y de la cual descienden, directa o indirectamente, las dos siguientes: la Sociedad Musical Poblados MarÃtimos, establecida en el Cabanyal y fundada en 1986, y la Sociedad Musical Unión de Pescadores, fundada en 1926 y radicada en el Cap de França. Como se puede apreciar, todas ellas tienen en común la base popular y una naturaleza societaria, aglutinante, abierta a todos y todas, constituyendo un acabado modelo de convivencia y sociabilidad intergeneracional. Vamos, algo excepcional en la acelerada, digitalizada e hiperindividualizada sociedad en la que vivimos.
En esas asociaciones se fomenta la actividad manual – se hace música como se hacÃa en tiempos pasados – asà como el desarrollo de la inteligencia natural, contrapunto indispensable a la cada vez más invasiva Inteligencia Artificial con el fin de mantener un imprescindible y saludable equilibrio personal y social.
Estamos pues tratando de barrios donde se entiende y se disfruta de la música en todas sus versiones: bandÃstica, orquestal y coral, donde cuando se aplaude después de una interpretación de cualquiera de esas formaciones, los aplausos no son gratuitos o fáciles, sino ponderados y merecidos, de los que gratifican sin envanecer al músico, pues sabe éste mejor que nadie que son el resultado de reconocer su buen hacer e ilusión, fruto de años de estudio y práctica.
Todas esas entidades musicales – sobre todo sus bandas sinfónicas - han gozado durante mucho tiempo de un inigualable escenario al aire libre cuando el tiempo lo permite: La Pérgola de la Marina de Valencia, la erección de la cual fue propuesta en los años noventa a la Autoridad Portuaria por la decana de las citadas sociedades: el Ateneo Musical del Puerto. La dirección del Puerto de Valencia aceptó la propuesta, facilitando los medios materiales y económicos para su realización y mantenimiento. AllÃ, durante muchos años, han lucido sus habilidades artÃsticas las bandas sinfónicas de todas las sociedades mencionadas, estructurándose sus actuaciones en varios Ciclos de Conciertos durante el curso, auspiciados también por el Ayuntamiento de Valencia.
Vino la maldita pandemia y, tras ella, el lugar se recicló para ofrecer otro tipo de música – que no deja de ser, técnicamente hablando, la misma: música tonal -. Bienvenida sea, pero, creemos que una no excluye a la otra, debiéndose ampliar la oferta para satisfacer a todas las sensibilidades.
Pedimos desde aquà a quien corresponda que, ante la prevista e importante transformación de los espacios que comprenden la actual Marina, primero: se conserve La Pérgola como se pretende conservar la Cabria y, una vez garantizada la permanencia de aquella, se retomen en ella los en su dÃa famosos Ciclos de Música sinfónica de banda.
Si ello se lleva a cabo, estamos seguros de que los jóvenes componentes de esas excelentes bandas del MarÃtimo – que, sin duda, gustan también de, e incluso practican, esa "otra" música – disfrutarán y harán disfrutar a todo aquel que se acerque a "vora mar" y disponga de un rato para gozar de unas saludables y artÃsticas vibraciones.