Hace
unos dÃas, nos llegaba una noticia relacionada con una de esas guerras que
azotan el mundo que no sacudÃa por dentro. O, mejor dicho, nos sacudÃa un poco
más, porque, por desgracia, sacudidas hay a diario.
Pero esta era especialmente dolorosa e
impactante. Siete cooperantes de la
organización World Central Kitchen, la ONG del chef español José Andrés,
eran asesinados en Gaza cuando se disponÃan a hacer lo que hacÃan a diario: dar
de comer a quienes lo necesitaban. Una pérdida tan terrible como inexplicable,
tan indignante como trágica e injusta.
No fueron los primeros ni, lamentablemente,
serán los últimos. Según las noticias, 207 trabajadores humanitarios han sido
asesinados en esa zona desde el 7 de octubre de 2023 y, si multiplicamos por
todas las zonas de conflicto, el número serÃa mucho mayor. Aunque no seamos conscientes
de ello.
Se ha de ser de una pasta especial para
dejar la comodidad de tu casa, tu cama y tu sofá, y recorrer muchos kilómetros
para ayudar, precisamente, a quienes carecen de casa, de cama y de sofá. Hay
que tener una generosidad y una valentÃa para cambiar el eje de nuestra vida
desde nuestro ombligo al de los demás. Y poca gente es capaz de hacerlo.
Por eso, quiero aprovechar esta pequeña
ventanita al mundo para hacerles mi homenaje. A quienes fueron asesinados el
otro dÃa y tantos otros dÃas, y a quienes siguen jugándose la vida por los demás.
A quienes murieron, y a quienes viven sin saber hasta cuándo.
Se habla poco de cooperantes. Se les dedica
poca atención en los informativos, y solo son noticia cuando protagonizan un
hecho tan terrible como el que ha sucedido hace nada. A veces, ni siquiera
entonces merecen demasiada atención, eclipsados por otra actualidad que alguien
considera más interesante. Es lo que tiene una sociedad como la que vivimos,
con la dictadura de las audiencias y de lo instantáneo.
Hay que hablar de las personas que se dedican
a la cooperación, a ayudar a los demás. Hay que reconocer su valor y la
importancia de lo que hacen. Aunque lo ideal serÃa no tener que hablar de ello
porque no fuera necesario, pero eso es, por desgracia, una quimera.
De momento, démosles el valor que
tienen. Que no tengamos que esperar a que un suceso terrible nos recuerde que
están ahÃ, trabajando para que el mundo sea un poquito mejor. O, al menos, un
poquito menos malo.