"¿Ha visto usted alguna vez un documental de esos pájaros que construyen jardines, torres, zonas limpias de arbustos en donde ejecutan su danza de seducción? ¿Sabía que sólo se aparean los que construyen el mejor jardín, la mejor torre, la mejor pista, los que ejecutan la más elaborada de las danzas?"
Esas preguntas que encabezan el artículo son un préstamo que, sin su permiso, he obtenido de "Los detectives salvajes", la densa novela de Roberto Bolaño. Hace ya muchos años que las leí por primera vez y desde entonces yacen aletargadas en mi cerebro, desperezándose solo cuando husmean una cita electoral.
Muy pronto, ante las próximas elecciones municipales, coaliciones y partidos políticos de todos los colores vendrán al Grau, al Canyamelar, al Cabanyal y al Cap de França cargados con vistosos catálogos de seductoras promesas y pondrán en práctica un ritual de cortejo más o menos ensayado para tratar de meter en su garlito el mayor número posible de votos de aquellos ciudadanos que aún creemos en la posibilidad de influir algo en la gobernanza de la cosa pública.
La diferencia entre los políticos en campaña electoral y esos creativos pájaros es que éstos cortejan cuando ya han llevado a cabo su obra, mientras que aquellos solo prometen, sobre todo los que aspiran a obtener el poder o a retenerlo sin una aceptable hoja de servicios.
Hay mucho que hacer en esos dos barrios y no se ha hecho aun prácticamente nada digno de mención. El Cabanyal es un barrio que requiere una intervención decidida, amplia y profunda a la vez, y ello sin margen de error. Está aún en carne viva y con zonas ya necróticas por años de inacción e incuria municipal.
El Canyamelar, sin sufrir el estrés postraumático del Cabanyal, también padece su cuota de desidia y olvido por parte de la Administración, por eso, ante esta nueva convocatoria electoral, alza su voz y exige la atención que merece de los poderes públicos.
Una de las reivindicaciones de ambos barrios, ni más ni menos importante que las de otra naturaleza que comparten con los barrios vecinos del Marítimo, es la de recuperar, a nivel oficial, sus identidades exclusivas, es decir, volver a ser solo el Cabanyal y el Canyamelar.
Ello implica revertir, a nivel legal y administrativo, la actual denominación "Cabanyal-Canyamelar" referida a un único barrio del distrito Poblats Marítims, volviendo a ser dos barrios: el Cabanyal y el Canyamelar, como siempre lo fueron hasta un infausto 22 de febrero de 1980, cuando el Pleno de un Ayuntamiento presidido por el Sr. Pérez Casado (PSPV-PSOE) aprobó suprimir la identidad exclusiva de ambos barrios.
Pasaron los años, evolucionando la sensibilidad social en los temas relativos a las señas de identidad colectiva, promulgándose leyes como la Ley 10/2015 de 26 de mayo para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, en la que, en su Título I, art. 2, apartado a) se reconoce como bien del Patrimonio Cultural Inmaterial "la toponimia tradicional como instrumento para la concreción de la denominación geográfica de los territorios".
La Plataforma "Canyamelar en marxa" solicita de los candidatos y candidatas de los partidos políticos y coaliciones electorales que concurren a estos comicios un compromiso inequívoco con dicha reivindicación patrimonial, por lo que todos aquellos vecinos y vecinas que propugnamos esa normalización administrativa prestaremos mucha atención a la inclusión de la misma en sus programas electorales, valorando positivamente a aquellos que la lleven a cabo.
Esta reivindicación identitaria a muchos les puede parecer un tema menor y, si bien es cierto, como se ha apuntado, que la ruina física y social de un barrio es extremadamente lacerante a la autoestima colectiva de sus vecinos, como es el caso del Cabanyal, la lenta pero progresiva dilución del topónimo Canyamelar en favor del Cabanyal que el actual nomenclátor propicia y avala legalmente (titulares de prensa, etc.) hace temer su no muy lejana desaparición y, eso no lo desea ningún vecino o natural del Canyamelar y del Cabanyal consciente de serlo. Sería un caso claro - de no revertirse la actual situación - de genocidio cultural.
Hay que decir que el actual equipo de gobierno municipal de Valencia ha hecho caso omiso a esa reivindicación en aquellas ocasiones en que se le ha solicitado formalmente, lo que, de entrada, manifiesta cuál puede ser la respuesta de Compromís y PSPV-PSOE a esta cuestión.
La composición de "Canyamelar en marxa" es transversal a nivel de sensibilidad política, por lo que a todos los partidos y coaliciones les concierne por igual su petición.
En política, paradójicamente, lo más estable es el cambio, por lo que nada es seguro, pero será bueno que los candidatos no olviden que los vecinos y vecinas del Canyamelar - y también del Cabanyal - tendrán muy en cuenta el compromiso formal que contraigan con la restitución de la exclusiva e histórica identidad de sus barrios, obrando en consecuencia ante las urnas.