Los ilicitanos han abarrotado estas fiestas la Corredora atraÃdos por una puesta en escena única comparable a las grandes urbes internacionales; el ceremonioso encendido de la iluminación navideña con nuestro alcalde
apretando un botón frente a las cámaras dio paso a los regueros de curiosos seducidos por los selfies y la facilidad del paseo familiar.
Nunca antes se vio esta arteria ilicitana tan transitable y agradable al trasiego popular, aunque el chascarrillo más habitual era coincidente en el ambiente: "faltan terracitas". Esta semana hemos leÃdo en los medios que el Ayuntamiento prepara una ordenanza municipal que limite de alguna forma la ocupación de la calle desplazando en la medida de lo posible la actividad comercial a las vÃas paralelas, Hospital y Troneta principalmente, "no queremos que la Corredora se convierta en una calle Castaños" hemos escuchado a los defensores de mantener esta calle inmaculada y convertirla en el "paseódromo" ilicitano; ignoro si son los mismos negacionistas que alertaban del
fin del mundo en esta acertada peatonalización, pero estoy convencido de que el planteamiento vuelve a ser equivocado.
El ejemplo de la calle Castaños en Alicante no debe ser negativo, sino más bien lo contrario. Elche tiene una magnÃfica oportunidad de vitalizar y dinamizar una calle única en la provincia y atraer comercio, hostelerÃa, terrazas, y con ello generar turismo, empleo, riqueza y vida. Si la Corredora se llena de "terracitas" será el mayor
estÃmulo para los ilicitanos para volver al centro, y con ello es muy probable que pueda recuperarse y regenerarse el
pequeño comercio. Los vecinos de Crevillent, Dolores, AlmoradÃ, Guardamar… dejarÃan de rodear nuestra ciudad para irse a Alicante y los ilicitanos tendrÃan por fin su calle Laurel o Castaños. Si es que este modelo ya está inventado en otras ciudades y es un éxito económico y social, a los españoles nos encanta el ambiente y a los
ilicitanos en particular "dotorear" las calles y sentarse a tomarse un vermut viendo pasar la gente, para pasear ya tenemos 14 kilómetros de rÃo. El centro de la ciudad debe ser sinónimo de actividad, de dinamismo de polo de atracción de turismo y para ello deben darse todas las facilidades desde el Consistorio. No dejemos escapar
una nueva oportunidad, la historia no nos lo perdonarÃa.
Tenemos el mejor clima, una orografÃa y ubicación inmejorable, una mentalidad empresarial y emprendedora de éxito contrastado. Sólo hace falta que los polÃticos no cierren los ojos ante semejantes posibilidades y vuelvan
a tropezar de nuevo en la misma piedra, como lo hicieron en el Mercado Central.