A finales del 2021 creÃamos
vislumbrar el final de la pandemia, que venÃa invadiendo nuestras vidas desde
comienzos del 2020 cuando, de nuevo, la globalización se ha convertido en un
fenómeno acelerador de la propagación del virus de la COVID-19. Entre diciembre
de 2019 y marzo de 2020, debido al acelerado flujo mundial de personas, apenas
hubo barreras entre China y España para la cepa original del virus, a pesar de
los más de 11.000 kilómetros que separan a ambos paÃses. Esta vez, con la cepa
Ómicron, de origen sudafricano, en menos de un mes, se ha repetido el mismo
fenómeno, a más distancia geográfica y con mayor velocidad de propagación.
El pasado 16 de diciembre de 2021,
el Consejo Europeo debatió sobre la vacunación, la coordinación y la
solidaridad internacional. También fueron tratadas la situación epidemiológica
y la posible aparición de nuevas variantes. El debate sobre las medidas a
adoptar para controlar la pandemia se volvÃa a reabrir en una Europa, continente
en el que cada paÃs ha decidido enfrentarse a la enfermedad de una manera
distinta.
Como ejemplo de lo expuesto, en
los últimos coletazos de la preponderancia de la cepa Delta y antes de la aparición
fulgurante de Ómicron, Austria se convertÃa en el primer paÃs de Europa en
volver a confinar a la población. Alemania tuvo incluso que derivar pacientes
fuera de sus fronteras por saturación de sus centros hospitalarios. Suecia
replanteaba el uso de la mascarilla. En lo referente a España, a causa de la
habitual inhibición presidencial, cada Comunidad Autónoma decidió de nuevo
adoptar unas medidas diferentes. España, en ese momento, convivió con una
incidencia tolerable, excepto en Navarra. Esta incidencia le permitió mantener
los estándares de normalidad, no dándose frenos significativos en la economÃa
diaria.
La llegada de Ómicron, y la
experiencia previa con Delta, nos ha permitido vislumbrar, a nivel de polÃticas
de los paÃses ante el virus, dos bloques de comportamiento. Un primer bloque de
paÃses, compuesto por China, Austria y Alemania, que han adoptado medidas
restrictivas a la vida normal, en el caso asiático, y de un gran número de
actividades, en el caso europeo. Y un segundo bloque de paÃses, en los que se
ha optado por parte de los dirigentes, por buscar e incluso acelerar un
contagio masivo rápido, como ha sucedido en Dinamarca, donde la curva aún no se
aplana, en Francia y como mayor exponente, por lo caótico de la situación, en
España.
El modelo de contagio masivo
español ha sido avalado, promovido y presidencialmente impuesto por el Ãnclito
Pedro Sánchez. Yo no sé si ustedes han votado esta 'estrategia' en un
referéndum. A mà no me ha llegado la convocatoria. Tampoco le hemos preguntado
qué le parece este modelo a las personas, que siguen siendo demasiadas, que
tienen familiares hospitalizados, en la UCI o que han fallecido durante esta
ola de la pandemia. Además, en términos económicos, optar por un modelo de
contagio masivo, sin calcular un solo número es más propio de dirigentes negligentes,
que de dirigentes que tienen una estrategia sólida y fundada. ¿Alguien ha
calculado en forma de bajas laborales qué va a costar a la economÃa española
haber optado por un contagio masivo de la población? ¿Alguien ha estimado con
concreción cual va a ser realmente el espacio de tiempo necesario para invertir
de verdad la curva de contagios y lo ha cruzado con la curva de costes? ¿Hay
realmente alguien ahÃ, a los mandos?
El gobierno español, como si de
una competición internacional se tratase, ha tomado la primera posición mundial
en anunciar que España tiene la intención de tratar la COVID-19 como una
endemia. Quizás, los datos de la tasa de mortalidad de Ómicron en relación a la
gripe hayan acelerado esta conclusión. Igualmente, el hecho de que la entrada
de esta variante se haya visto atenuada en gravedad por la alta tasa de
vacunación española también haya contribuido a esta postura. No obstante, hace
dos dÃas, Catherine Smallwood, una de las principales voces de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) para Europa, no estaba de acuerdo con tratar la COVID-19
como endémica ya que no se cumplen las condiciones para ello. Para la OMS, la
declaración de endemia ha de suponer que el virus circule con mayor
estabilidad, asà como más predicción de comportamiento en su transmisión.
Además, el
director regional de la OMS en Europa, Hans Kluge, también ha pedido prudencia
a la hora de poder considerar la COVID-19 como endemia.
A mi entender, este intento de declaración de endemia de
Sánchez es una maniobra para avalar pública e internacionalmente su propio modelo
caótico de contagio masivo impuesto por él para España. La tercera dosis
está llegando tarde a las principales capas productivas de la población,
alejando a muchas personas de la barrera de protección idónea de los seis meses
y provocando mayor incapacidad laboral temporal. A su vez, la vacunación en los
paÃses menos desarrollados está siendo aún testimonial. Nadie garantiza la
aparición de nuevas variantes más letales y con mayor tasa de contagio desde
paÃses con menos protección, donde el virus pueda mutar con más facilidad, y que
en menos de un mes pueda volver a arrasar Europa. En este contexto, no es que
lo diga la OMS, es que el sentido común nos dice que aún falta bastante tiempo
para que la COVID-19 tenga el mismo tratamiento que una gripe. Salvo que
Sánchez ya sea Bolsonaro. Y la verdad es que yo ya no encuentro las siete
diferencias.
Termino apelando a un discurso que se ha hecho viral y que el
otro dÃa me impactó. Se trata del alegato del periodista Manu
Sánchez respecto a Ómicron y sobre ciertos comportamientos de ciertos polÃticos.
CompartÃa con todos los ciudadanos la mala experiencia sufrida: "He sufrido el virus y me han tomado por
tonto. Estoy superando lo primero, lo segundo no". La realidad, al margen
de la toma de decisiones de la apertura normal o el control del horario de los
negocios y del aforo, es la imposibilidad de atención primaria en numerosos
centros sanitarios públicos por la falta de recursos o de gestión. Igualmente, lo
sufrido estos meses con la disponibilidad y el precio de los test de antÃgenos
y en muchos casos, también la falta de información sobre cómo utilizarlos. AsÃ
es como nos estamos sintiendo muchos españoles en estos dÃas con la toma de
decisiones polÃticas que nos afectan a nuestras vidas diarias, en base a
criterios poco fundamentados, que cambian nuestras rutinas diarias y ponen en
peligro lo más preciado, nuestra salud. Personalmente, si bien he tenido la
suerte de poder sortear el virus hasta el momento, no he podido evitar sortear estas
decisiones polÃticas.
La frase de RodrÃguez Zapatero de "buenas noches y buena suerte", con
Pedro Sánchez a los mandos de esta nave, en la que nuestra salud está
continuamente en juego a manos de unos dirigentes negligentes, cobra más
sentido que nunca.