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Teruel, 12 de julio de 1997: Una experiencia marcada a fuego

Opinión

El torico en plena fiesta. Foto:archivo
El torico en plena fiesta. Foto:archivo

Hace años que queríaescribir esto aunque sólo fuera para mi memoria y he pensado que este año enque la fiesta silencia sus sonidos y deja secas las gargantas, es el indicadopor lo que tendría que ser pero no es.

Ocurrió tal día comohoy de 1997, en Teruel.

Canal-9, laTelevisión Autonómica Valenciana había decidido hacer un reportaje sobre losvalencianos que se encontraban en la capital turolense con motivo de lasFiestas del Ángel. Los periodistas elegidos fuimos los dos corresponsales de lacomarca más próxima a Teruel, mi compañero cámara José Luis Carbó y yo que loéramos de la zona de Segorbe pero también de las comarcas próximas aragonesas eincluso de las de Cuenca cuando la importancia de la noticia lo requería. Habíaque hacer un reportaje amplio y más o menos completo con imágenes de fiesta, deTeruel, con entrevistas a valencianos y alguna autoridad aragonesa…

En Teruel, después deaparcar con dificultades el vehículo, llegamos con el tiempo justo para grabarcomo un joven representante de la Peña La Botera colocaba el pañuelico alastado más pequeño que cuenta con una plaza a su nombre. A partir de esemomento la alegría se desbordó, pero pasados esos primeros instantes empezamosa encontrar ciertos síntomas de angustia entre la gente: tres días antes labanda terrorista ETA había secuestrado a Miguel Ángel Blanco y lo habíacondenado a muerte para conseguir el acercamiento de presos a las cárcelesvascas. ¡Qué desproporción entre ambas medidas!: prisión para unos por matar,muerte para otros por tener ideas distintas… Todo el mundo se mostrabasensibilizado por la situación.

En nuestro deambularpor las calles más céntricas de Teruel, la gente nos iba contagiando laansiedad y la preocupación por conocer lo que estaba pasando en tierras vascas.Al vernos con el micro y la cámara con el anagrama de C-9 nos suponían conocedoresdel hecho y comenzaron a preguntarnos insistentemente qué pasaba con el jovenconcejal de Ermua. Resultaba agobiante, entre tanta gente, entre tanto calor,entre tanta pregunta… Tuve que ponerme en contacto con Valencia para que meinformaran de todo lo que fuera sucediendo para transmitirlo de viva voz a losque se acercaban a nosotros para averiguar algo. Las noticias eran más bienescasas pero inquietantes, las aspiraciones terroristas no se habían cumplido,el plazo dado estaba a punto de acabarse, tal político había dicho… y lo pocoque conocíamos lo íbamos contando a los que nos preguntaban, de Teruel, deValencia y de todos los sitios.

Así discurrió elresto de la mañana.

Nuestra últimasingladura fue la plaza de toros. Toreaba el maestro valenciano Enrique Ponce.Cerraría el bruto de nuestro reportaje. Nos apostamos en la tribunapresidencial del coso de la calle Segorbe –curiosamente-. Los teléfonos nodejaban de vibrar y no sólo los nuestros, los de las autoridades también, perocuando sonaban los propios, todos nos preguntaban por su contenido. El alcalde–perdón pero no recuerdo su nombre- tuvo que salir varias veces del palco paraatender llamadas.

La tensión subía pormomentos y finalmente llegó la inevitable noticia. Una persona dijo que sehabían escuchado unos tiros. Un coche que salía a toda velocidad, Alguien habíaencontrado un cuerpo entre la espesura… Los terroristas habían matado a MiguelÁngel Blanco –así se dijo en un primer momento-. Luego se puntualizó que estabamal herido y que había sido llevado al hospital, pero que su vida erainsalvable. Recuerdo que al salir de la plaza se formó un corrillo a nuestroalrededor para conocer la situación. Les contábamos lo que sabíamos. Blancomurió esa misma noche, de madrugada.

Finalmente elreportaje sólo hablaba de las Fiestas del Ángel, como tenía que ser, pero trasél estaba una de las experiencias más angustiosas vividas por un periodista.

Segorbe, 12 de juliode 2020.

Rafael Martín.

Sobre el autor

RAFA MARTÍN
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