SusanaGisbert tiene una dilatada experiencia como jurista. Empezó en la carrera fiscalen 1992. Tras varios destinos, entró como fiscal especializada en violencia degénero y, más tarde, fue nombrada fiscal delegada de Delitos de Odio. Durantesu carrera, se ha volcado en la defensa de las leyes y la igualdad. Una luchaque ha desarrollado tanto desde el ámbito jurídico como a través de su otragran pasión, la escritura.
¿Cómo era la lucha por la igualdad ycontra las violencias machistas desde el ámbito jurídico en los años 90? ¿Habíasoporte legal suficiente para ello?
En los años 90 el término violencia de género no se empleaba,teníamos el término de violencia doméstica. Se empezaban a dar los primerospasos. Debemos tener en cuenta que nuestro código actual es de 1995. Seempezaba a hablar, se empezaba a regular el delito de maltrato habitual peroeran cosas muy puntuales. De hecho la ley no sale hasta 2004, no hay seccionesespecializadas hasta entonces. Sí que es verdad que empezamos una sección congente más o menos voluntaria a hacer cosas pero el soporte legal se reducía aapenas un artículo del código penal que no distinguía cuando era la pareja, elhijo o la madre… No había además más medidas que esas. Pensemos que la orden deprotección o el alejamiento es del año 2003. Hasta entonces aunque una mujerdenunciara un maltrato si luego la mandabas a casa con su marido que estabadenunciado y condenado y encima cabreado, la situación hacía que muchas mujeresdesistieran de poner denuncia. Poco a poco, hemos ido avanzando tantolegislativamente como socialmente aunque aún nos queda camino por recorrer.Casi nos queda más camino social que legislativo donde, aunque las leyes sonbuenas, los medios que la implementan no siempre son tan buenos.
¿Qué supuso la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas deProtección Integral contra la Violencia de Género por el gobierno de José LuisRodríguez Zapatero?
Supuso un cambio abismal. Pasamos de no tener una protecciónintegral a tenerla para todo. Sí que venían dándose pequeños pasos pero son muycercanos a la aprobación de la ley. En el año 2003 empezó a hablarse delalejamiento y la orden de protección pero, de repente, con la nueva ley lasvíctimas de la violencia de género tenían una entidad propia, unos juzgadospropios y tenían sobre todo unas medidas propias que les propiciaban denunciar.Pensemos que si una mujer extranjera se encontraba con el riesgo de que laexpulsaran o si una mujer denunciaba pero luego no le atribuían la vivienda ono sabía dónde ir con sus hijos, esa mujer no denunciaba. Y esta ley, al hablarde una protección integral, contemplaba todo. También contemplaba cuestionesque aún no se han acabado de desarrollar. Por ejemplo, el tema de los medios decomunicación donde todavía nos encontramos con programas de televisión donde laigualdad parece que se queda muy atrás o la publicidad. Pero la ley contemplatodo eso. Es una ley tan pionera y tan novedosa que todos los países de nuestroentorno han querido imitarla. Aún le queda desarrollarse, es como un edificiomuy bueno, con muy buenos cimientos, pero de vez en cuando necesita una chapa ypintura y ahora estamos en ello.
¿Cuáles serían las principales debilidades de esa ley?
El desarrollo de la ley fue muy amplio. En materia judicialse crearon muy pronto los juzgados de violencia sobre la mujer aunque siemprese necesitan más. Pero hay otras materias, como la educación o los medios decomunicación, que parece que se hayan quedado en meras declaraciones deintenciones. Corremos el riesgo, en muchos casos, de que eso que se dice sobrela necesidad de educar en materia de igualdad quede en realidad en una charlael 25 de noviembre y en otra charla el 8 de marzo y que dependa mucho deldirector o directora de cada centro el que quiera hacer más cosas. Creo queesto es esencial y que se necesita una intervención mucho más decidida queesperemos que llegue con la ley de educación. Materias como la Educación parala Ciudadanía en su día podrían haber cubierto de alguna manera este flancopero ya sabemos que la educación es una materia que, políticamente, sufre muchosavatares y ahí es donde está la asignatura pendiente: de cómo se eduquennuestros niños y nuestras niñas dependerá el que en un futuro haya más o menosviolencia de género.
¿Crees que hoy en días las mujeres nos sentimossuficientemente respaldadas y protegidas para dar el paso de denunciar anuestras parejas?
Suficientemente protegidas no estamos nunca porque laviolencia machista es un tema tan complejo y con tantas aristas que, enocasiones, nosotras mismas tenemos barreras que nos impiden actuar. Hay casosen los que ves a mujeres que tienen dependencia económica, tienen el apoyo detodo el mundo y, sin embargo, la dependencia psicológica de su maltratador leimpide dar el paso. Las mujeres que quieren hacerlo, en unos casos se sientenprotegidas y en otros no tanto. Sí que es verdad que hay una ayuda del Estadopero pensemos que una mujer con cuatro hijos con 430 euros no puede hacerdemasiadas cosas. Falta también información, si una mujer, por ejemplo, esinmigrante, no domina la lengua, y su pareja está constantemente hablándole delriesgo de la deportación, no sabe, sin nadie la informa, que si denuncia no lavan a expulsar y que, además, le van a ayudar a mantenerse en territorioespañol y a tener un trabajo. Hay situaciones que pueden también ser muycomplejas: pensemos en personas que tienen un negocio familiar y no saben cómoromper ese medio de vida… Podemos concluir que estamos más protegidas queestábamos hace tiempo pero toda la protección para que cualquier mujer puedadar el paso sin dolor o con el mínimo dolor posible no la tenemos. La leyprocesal española todavía tiene muchas fases que re victimizan a la víctima y,a veces, el dolor que supone pasar por todas esas declaraciones una y otra haceque mujeres se echen atrás. Esto es claro y por más que intentamos explicarlesy hacer cosas es muy duro mantenerse luchando contra tu expareja en lostribunales un montón de tiempo.
Enarbolar la bandera del feminismo con tanta determinación,¿le ha traído mucho problemas en su carrera profesional?
En mi carrera profesional, no. Aquí nos dedicamos a aplicarla ley. Sí que es verdad que hay determinados sectores para los que laviolencia de género es como si fuera derecho de segunda clase pero problemas enel ámbito profesional no he tenido. Los he tenido más fuera porque cuando teestigmatizan con una etiqueta, los acosos en redes sociales, la actuación delos ‘haters’ es constante. Es duro decir que es el precio a pagar pero, aveces, tienes que plantearte si lo bueno compensa a lo malo y, en mi caso, lohace de sobra. Incluso en la última suplantación que he tenido en Twitter hansido mucho más a valorar las reacciones positivas y desde donde han venido, laFiscalía General del Estado, la Ministra de Justica…, que la molestia o lonegativo que me supone sufrir esto.
Sin ir más lejos, a principios de noviembre Susana Gisbert eravíctima de un ataque en redes sociales, concretamente en Twitter, donde esusted muy activa, donde suplantaron su identidad con una cuenta que la llama‘la fiscala feminazi’. ¿Cómo vivió esa situación?
Lo viví con angustia y con enfado. Al principio reaccionépensando que era más de lo mismo porque yo pongo todos los días un tweet contrala violencia de género y siempre hay algunas cuentas que me responden de muymalas maneras. Pero esto ya era excesivo. Una amiga periodista me hizo ver lanecesidad de dar difusión a lo sucedido y tenía razón. La reacción fue tanpositiva desde tantos sectores que, al final, lo bueno compensa lo malo, peroojalá no hubiera tenido que vivir esta situación. La cuenta sigue ahí y todoslos días ves publicaciones, me etiqueta… Además, con estas cosas, al principiorecibes muchos apoyos pero, luego, la actualidad manda, la gente se olvida peroel dolor sigue ahí.
No es la primera vez que se enfrenta al discurso del odio enlas redes sociales, ¿Cómo se pueden perseguir estas conductas? ¿son eficaceslas leyes actuales para tratar de erradicarlas o hay demasiada impunidad?
No olvidemos que nuestra ley procesal penal es del siglo XIX.Por más que haya sido remodelada, re ampliada o re parcheada el sistema es delsiglo XIX y no está pensado para estas realidades. Si a esto le añadimos lascaracterísticas de las redes sociales, la instantaneidad, el hecho de que nohaya una ubicación física que determine la competencia hace muy difícilperseguir el hecho en sí. Luego también los mensajes no siempre son fáciles deincardinar dentro de un tipo concreto del código penal. El delito de odioexige, por ejemplo, la incitación al odio. No basta con que manifiesten el odiocon una de estas motivaciones. Hay muchas líneas que hay que traspasar y esdifícil. Ahora sí que el código ha regulado el acoso a través de redes e,incluso, la utilización de la imagen para menospreciar o humillar a alguien.Este hecho ha facilitado las cosas pero tenemos dos problemas, la tipificación,la prueba y pillar a los culpables.
Si hace balance de lo que ha sucedido desde esos años 90hasta ahora, ¿en qué punto considera que está la sociedad española en materiade violencias machistas?
Si me hubieras hecho esta pregunta hace cinco años hubierasido mucho más optimista de lo que soy ahora. Creo que hubo un momento en que,sobre todo a raíz del asesinato de Ana Orantes y de una serie de reacciones quese produjeron, teníamos un grado de concienciación muy elevada y un consensosocial que hacía que el discurso que negaba la violencia de género fuera tanpolíticamente incorrecto que nadie lo gastaba. Hemos llegado a un momento enque hay determinados partidos políticos que niegan la violencia de género yestán teniendo voz en las instituciones, con lo cual está manejándose undiscurso que ya parecía superado. Así que, aunque el grado de concienciación esimportante, el grado de desconcienciación también es importante. Esto antes nolo teníamos y ahí sí que tenemos un problema porque la gente joven ha perdidoese nivel de alarma que tenía y eso sí me preocupa. También puede que seanuestra responsabilidad el haber bajado la guardia, el haber dado porsobrentendido que todos estábamos en contra del violencia de género y estosmovimientos nos han pillado un poco desprevenidos. Luego, lamentablemente,tenemos una especie de impermeable en el cerebro que cuando te torpedean variasnoticias sobre lo mismo al final le haces poco caso. La prueba más reciente hasido el último asesinato de una mujer en Móstoles y de una niña de 6 años enMóstoles que no ha tenido la repercusión que hubiera tenido hace dos o tresaños.
¿Existe un perfil concreto del maltratador de violencia degénero?
Radicalmente no. Se ha intentado decir que es una cuestión declase social, de edad, de educación, de nacionalidad…, pero los tenemos detodas las nacionalidades, de todos los colores, de todo el espectro político yde todas las clases sociales. Sí que es verdad que en las clases sociales altasy económicamente pudientes podríamos hablar de una bolsa oculta de maltrato porqueen mujeres que tienen una formación hay una vergüenza a denunciar que en otrascapas sociales no detectamos, hay además posibilidades de divorciarse condinero por medio que en otras capas sociales no hay. Pero hay de todas lasposibilidades. Yo también pensaba que era una cosa que se relacionaría más congente de determinada edad y que las nuevas generaciones educadas en igualdadque no han vivido sus madres el franquismo ni la educación de antes tendríanotro punto de vista y no es así. Incluso diría que se nota cierta regresión enla gente joven respecto a su concepto de la violencia de género.
De todos los casos de violencia de género sobre los que hatrabajado ¿Cuál ha sido para usted el más duro?
He tenido varios que han sido duros, por ejemplo, cuandopersonalmente tuvimos que levantar un cadáver y vimos a esa mujer con uncuchillo jamonero clavado como el que tienes en tu propia casa. Esa imagencuesta irse de la cabeza y no te abandona del todo. Recuerdo especialmente elcaso de una señora que vino al juzgado, no quiso denunciar y luego apareciómuerta en la bañera. A él sí que se le llegó a imputar, no a acusar, fue a lacárcel y falleció por muerte natural y nunca fue juzgado, pero hubiese sido muydifícil porque sospechábamos que había sido él, pero no llegó la investigaciónmás adelante. El hecho de que esa situación existiera unos días antes y nohaber podido hacer nada por ella porque no existía denuncia por más que intuyaso sepas no cuenta nada, le pusimos una orden de protección, pero la misma mujerdio lugar a que él estuviera con ella. Saber que alguien ha estado ahí y hastaqué punto podrías haber hecho algo es una sensación que no te abandona nunca.
Los medios de comunicación han cambiado su tratamiento a lolargo de estos años respecto a noticias de violencia de género ¿crees que estánhaciendo un buen trabajo o aún están en el camino de conseguirlo?
Hay que distinguir dos grandes bloques. En general, lo que sehace en informativos y prensa escrita es muy positivo, está trabajándose mucho,se han hecho muchos decálogos y normas y se intenta trabajar bien, preguntanmucho, se hace mucha didáctica. Algo que sí que echo de menos es que al igualque se hace el seguimiento al principio, luego no se saquen las consecuencias,las noticias en positivo que creo que son muy importantes porque al final solosale lo malo, pero no se publica si el culpable es castigado o casos de mujeresque han salido adelante, no se hace tanto como me gustaría. No obstante, creoque se ha hecho una gran labor y hay que dar gracias a la labor de los mediosde comunicación y su apuesta firme a raíz del asesinato de Ana Orantes, elcambio de ubicación de la sección de ‘sucesos’ a la sección de ‘sociedad’ enlos periódicos fue muy importante para dar ese cambio social y legislativo. Conel cambio en los medios de comunicación, la prensa digital, la instantaneidad yla proliferación de redes da lugar a que haya programas que no controlamos, tertuliasdonde dicen cosas que hacen mucho daño a la violencia de género, no tanto a lomejor en medios que son más o menos convencionales, pero sí de otros medios. Enalgunos programas de televisión que manifiestamente exponen situaciones dedesigualdad como, por ejemplo, ‘Granjero busca esposa’, ‘La Isla de lasTentaciones’ o ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’ son programas que no desaparecende la parrilla, pero están vendiendo unos estereotipos que pasan a formar partedel ideario colectivo y es realmente peligroso, porque no olvidemos que, en laviolencia de género, la raíz la tiene la desigualdad y la vacuna la tendría laigualdad.
Hablemos del fantasma de las agresiones sexuales en grupo o‘manadas’ como se les ha denominado tras el caso de Pamplona. ¿Debe la justiciaser más dura con estos delitos?
Creo que la dureza de la justicia nunca tiene la respuesta yel derecho penal solo tiene el castigo. El hecho de que una persona vaya aviolar o matar a otra y para a pensar si le van a condenar a diez o a treintaaños no va a hacerle desistir de su acción porque diez años ya es una condenagrave y nadie voluntariamente busca esto. Está bien que se les castigue por loque ha hecho esta persona tanto por la prevención especial como por la generalque es para que futuros violadores sepan que esto no sale gratis y futurasvíctimas se decidan a denunciar. La solución nunca está ni en incrementar laspenas ni en el derecho penal, la solución está mucho antes, en la educación,formación y en prevenir estas conductas, no en castigarlas cuando ya se hancometido.
El caso de la ‘manada de Pamplona’ fue muy mediático,especialmente cuando se publicó su sentencia, ¿entiende que la gente semanifieste en contra de lo dictado por el juez cuando no están de acuerdo consu condena?
Lo entiendo perfectamente. De hecho, en su día hubo unmovimiento por parte de la judicatura y Fiscalía donde se llevaban las manos ala cabeza porque la gente saliera a las calles a protestar por sus decisionescuando nosotros mismos estábamos protestando de las decisiones de otro poderdel Estado como el legislativo o el ejecutivo cuando nos congelaron los sueldoso no nos daban medios. Somos tres poderes del Estado en una situación dedemocracia y que salgamos a la calle, siempre que no excedamos los límites delo permitido, para protestar por las resoluciones de otro poder hay queadmitirlo como parte del juego democrático y como parte incluso de la posibleevolución de las cosas.
Ahora es usted delegada de delitos de odio, ¿Qué es lo quemás le ha llamado la atención en este ámbito?
Me ha llamado la atención varias cosas. En primer lugar, quehay muchos más delitos de odio de lo que una cree. Tendemos a pensar en eldiscurso de odio de redes y demás y ahora lamentablemente ya me he acostumbrado,pero al principio me resultó muy llamativo que todavía haya gente que por lacalle pega a alguien por el simple hecho de ser dos hombres cogidos de la mano,dos mujeres besándose, la ideología o por cualquier otra “circunstancia”, peroque haya gente tan intolerante que haga esto y que además llegue a la agresiónfísica me llamó terriblemente la atención. Otra cosa de la cual estoyacostumbrándome, me llama la atención y estoy intentando en la medida que mitrabajo puede hacerlo en evitarlo, es una frase que oigo con mucha frecuencia,“no es la primera vez que me pasa, pero es la primera vez que denuncio”. No megustaría que la gente que se siente discriminada por razón de su origen, sexo,orientación sexual ni nadie tenga que asumir que determinadas cosas tengan quesoportarlas. El otro día hablaba con una mujer del secretariado gitano y mecomentaba que el pueblo gitano tiene asumido que determinadas discriminacionesforman parte del acervo colectivo, tienen que soportarlas y cuando denuncian escuando superan esos límites.
Si hablamos de datos, ¿ha habido un repunte de delitos dehomofobia y racismo o es solo una percepción al tratarse de temas másmediáticos?
Dos cosas claras. Un dato objetivo es que han aumentado lasdenuncias y eso no puede discutirse. Lo que hay que saber es si han aumentadolas denuncias porque la gente se anima más a denunciar o es que han aumentadolos casos y por eso llegan más y creo que es una mezcla de ambas. Lapolarización de la sociedad da lugar a conductas violentas con un grado dediscriminación que antes a lo mejor no se hacían y que gente que sufría esasconductas no las denunciaban y ahora se animan a hacerlo.
Las redes sociales parecen un foro de denuncias públicas,¿eres partidaria de ello?
Es importante decirlo por redes sociales, en Twitter muchasveces digo “esto no es una oficina de denuncias” y reafirmo que la Fiscalíaestá a disposición de quien viene a denunciar. Aunque tengan la duda de si esdelito o no ya lo determinaremos nosotros. Lo que se denuncian no son delitos,la gente cree lo contrario, pero no es así, lo que se denuncian son hechos. Losencargados/as de determinar si esos hechos son delictivos o no somos nosotros.Si crees que una conducta contra ti es ilícita e ilegítima, denúnciala y yadecidiremos, a lo mejor es un delito, delito leve u objeto de una sanciónadministrativa, pero que nadie tenga miedo.
¿Cuál es el trámite para denunciar estas situaciones?
Para denunciar este o cualquier otro tipo de delitos puedenhacerlo en Fiscalía, ante las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o en elJuzgado de Guardia. Como fiscal y como fiscal encargada, me gustaría decir quela gente sepa que la Fiscalía está a su disposición porque estamosespecializados y los juzgados como tienen otra manera de funcionar y se rigenpor el principio del juez natural no tienen esa especialización. Al final va allevarlo un juzgado, pero si ha pasado por Fiscalía nos será mucho más fácildiagnosticar y localizar ese hecho que si es al revés, el compañero que llevaese juzgado es el que tiene que mandar todo y por el camino se pierden muchascosas. Existen otras posibilidades como, por ejemplo, hay un montón de ONGs,acudir a LAMBDA, SOS Racismo o a cualquiera de estos servicios que son los queacompañan, vienen y denuncian ante nosotros, hay muchas posibilidades, elAyuntamiento de Valencia ha puesto una oficina y sé que en otros sitios estánhaciendo iniciativas semejantes. Al final se trata de que estos hechos sejuzguen si son delito a nivel juzgado y ayudándonos con la Ley de Igualdad deTrato que reconoce muchos hechos de discriminación que no llegaban a serdelito, pero que tampoco era cuestión de que se quedaran en nada.