Aunque venga con el sello del Reino Unido, estamos ante la típica comedia made in Hollywood, sumamente entretenida y sin grandes pretensiones, que garantiza 105 minutos de evasión. La incertidumbre que genera la trama de "Jugada maestra", un reparto con gancho y unos solventes apartados técnicos suplen sus ligeros altibajos. Además, sorprende con varios giros en los últimos instantes. El humor negro y el típico thriller de asesinatos se alían para proporcionar una historia amena, aderezada con unas notas románticas a tres bandas. No obstante, esos méritos menguan si tenemos en cuenta que se trata del remake de "Ocho sentencias de muerte" (1949), con Dennis Price y Alec Guinness.
Dentro de unas horas Becket será ejecutado en prisión; por eso, recibe la visita del padre Morris. Inesperadamente, se muestra dispuesto a confesarle los pormenores de los crímenes cometidos. Cuando su difunta madre se quedó embarazada, siendo adolescente, fue repudiada por el patriarca de la opulenta familia Redfellow; sin embargo, él continuó manteniendo el derecho a heredar. El único problema residía en que tenía siete parientes por delante. Lo asumió con resignación hasta que lo degradaron en el trabajo. Se le ocurrió entonces ir asesinándolos sin levantar sospechas, simulando unos accidentes fatales.
Introduce rápidamente al protagonista, quien va detallando, mediante su voz en off, los calculados planes que ejecutó fríamente. Cabe pensar que el prólogo resta emoción al desenlace, pero hábilmente el guion se encargará de desbaratar esa idea.
La intriga se estructura en capítulos vinculados a las distintas víctimas. Presentan perfiles muy diferentes y, por diversas razones, despiertan siempre la atención. Al mismo tiempo, afloran sus vicios y pecados, procurando que el espectador no empatice con ellas, sino todo lo contrario.
Pese a que el esquema narrativo pueda antojarse repetitivo, surgen alicientes, especialmente en el plano sentimental, que alteran esa percepción. Y redondea la película con una resolución precisa, precedida de algunas circunstancias que descolocan.
Glen Powell (Cualquiera menos tú, Twisters) encaja en el rol de galán psicópata. Margaret Qualley (La sustancia), ejerciendo de mujer fatal, llena la pantalla en cada aparición. Por su parte, el veterano Ed Harris (75) recupera unos registros duros que domina a la perfección.