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Ovejas detectives

La película, protagonizada por Hugh Jackman y Emma Thompson, combina el humor británico con el legado de Agatha Christie en una propuesta para el público familiar

EDUARDO CASANOVA
Una escena de la película Ovejas detectives.
Una escena de la película Ovejas detectives. // EPDA

Kyle Balda (Los Minions, Gru 3: Mi villano favorito) dirige esta comedia insuflándole la fluidez y la chispa que hemos visto en sus exitosas películas de animación. Parte del argumento original de la novela Tres bolsas llenas (2005), con la que se dio a conocer la escritora alemana Leonie Swann. La propuesta literaria no era nada convencional, pero correr ese riesgo salió bien, y algo similar cabe apuntar de su adaptación a la gran pantalla. Estamos ante un divertimento en clave de thriller criminal presidido por el humor. Son evidentes los ecos del legado literario de Agatha Christie y cuenta con unas protagonistas singulares. A buen seguro que agradará al público familiar.

George disfruta cuidando a sus ovejas en medio del prado donde vive, junto al pueblo de Denbrook. Las trata con mucho cariño e incluso les ha puesto nombre a todas. Inesperadamente, una mañana encuentran su cuerpo sin vida tendido sobre la hierba. El primer examen apunta a un ataque cardíaco fulminante, aunque pronto aparecen serios indicios de asesinato. La herencia podría haber sido el móvil del crimen. El inexperto agente Tim Derry deberá resolverlo cuanto antes; por fortuna, contará con unas sagaces e improvisadas ayudantes.

La premisa puede antojarse esperpéntica; sin embargo, la puesta en escena no es tan grotesca como invita a pensar. Reformula los tópicos del cine de misterio y recurre a unos gags eficaces, con un cariz típicamente británico.

Con ingenio, opone la sensatez de las integrantes del rebaño a la desaprensión, torpeza y codicia que exhiben los humanos. Alterna la atención entre las indagaciones que se suceden en ambos grupos, sin ofrecer pistas fiables al espectador. Le incita a que realice sus propias conjeturas. En esa parcela no conviene recrearse, porque los 109 minutos de metraje vuelan, y sorprende con un giro final imprevisible.

El diseño de producción se ajusta a lo que pide la historia. Se impone la luz que impera en unos paisajes bucólicos. No obstante, los mayores méritos se los llevan los diseñadores gráficos y los especialistas en CGI, que dotan a los distintos animales de una personalidad propia, empezando por su aspecto físico. Mejoran los logros de filmes anteriores (Babe, el cerdito valiente, Dr. Dolittle).

El guion deja poco espacio a las estrellas del reparto. Hugh Jackman luce oficio al principio, en un rol muy diferente a los que interpreta habitualmente. Emma Thompson, en sus breves intervenciones, le confiere entidad a su papel. Del resto, destaca Nicholas Braun (Succession) por la vis cómica que muestra.

 

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