Kyle Balda (Los Minions, Gru 3: Mi villano favorito) dirige esta comedia insuflándole la fluidez y la chispa que hemos visto en sus exitosas películas de animación. Parte del argumento original de la novela Tres bolsas llenas (2005), con la que se dio a conocer la escritora alemana Leonie Swann. La propuesta literaria no era nada convencional, pero correr ese riesgo salió bien, y algo similar cabe apuntar de su adaptación a la gran pantalla. Estamos ante un divertimento en clave de thriller criminal presidido por el humor. Son evidentes los ecos del legado literario de Agatha Christie y cuenta con unas protagonistas singulares. A buen seguro que agradará al público familiar.
George disfruta cuidando a sus ovejas en medio del prado donde vive, junto al pueblo de Denbrook. Las trata con mucho cariño e incluso les ha puesto nombre a todas. Inesperadamente, una mañana encuentran su cuerpo sin vida tendido sobre la hierba. El primer examen apunta a un ataque cardíaco fulminante, aunque pronto aparecen serios indicios de asesinato. La herencia podría haber sido el móvil del crimen. El inexperto agente Tim Derry deberá resolverlo cuanto antes; por fortuna, contará con unas sagaces e improvisadas ayudantes.
La premisa puede antojarse esperpéntica; sin embargo, la puesta en escena no es tan grotesca como invita a pensar. Reformula los tópicos del cine de misterio y recurre a unos gags eficaces, con un cariz típicamente británico.
Con ingenio, opone la sensatez de las integrantes del rebaño a la desaprensión, torpeza y codicia que exhiben los humanos. Alterna la atención entre las indagaciones que se suceden en ambos grupos, sin ofrecer pistas fiables al espectador. Le incita a que realice sus propias conjeturas. En esa parcela no conviene recrearse, porque los 109 minutos de metraje vuelan, y sorprende con un giro final imprevisible.
El diseño de producción se ajusta a lo que pide la historia. Se impone la luz que impera en unos paisajes bucólicos. No obstante, los mayores méritos se los llevan los diseñadores gráficos y los especialistas en CGI, que dotan a los distintos animales de una personalidad propia, empezando por su aspecto físico. Mejoran los logros de filmes anteriores (Babe, el cerdito valiente, Dr. Dolittle).
El guion deja poco espacio a las estrellas del reparto. Hugh Jackman luce oficio al principio, en un rol muy diferente a los que interpreta habitualmente. Emma Thompson, en sus breves intervenciones, le confiere entidad a su papel. Del resto, destaca Nicholas Braun (Succession) por la vis cómica que muestra.