En la sesión del Comité
Ejecutivo de Confecomerç
celebrado ayer se manifestó
su preocupación por el impacto
que la actual presión fiscal y administrativa está
teniendo sobre los autónomos y
los pequeños negocios,
especialmente aquellos vinculados al comercio de proximidad.
Los
autónomos y microempresas
constituyen la base del tejido económico y social valenciano,
generando empleo estable,
dinamizando los municipios y garantizando servicios esenciales a la
ciudadanía. No obstante, el contexto
actual -marcado por la
subida de costes, la
incertidumbre económica y una elevada carga fiscal-
está poniendo en riesgo la
continuidad de muchas actividades.
A
las obligaciones fiscales
estatales se suman impuestos autonómicos, tasas municipales y una
creciente complejidad administrativa,
que afectan de manera desproporcionada al
comercio y a los autónomos, cuya capacidad económica y margen de
gestión son limitados. Esta
situación es especialmente preocupante en sectores con ingresos
irregulares o estacionales,
muy presentes en la economía valenciana.
Desde
Confecomerç ya se valoró en su día los avances hacia una mayor
equidad fiscal, como la
cotización por ingresos
reales, pero lo bien cierto es
que su aplicación práctica está generando tensiones
de liquidez, adelantos fiscales y mayor carga burocrática,
dificultando la planificación y la estabilidad de los negocios más
pequeños.
La
causa más directa de esta grave situación está en la inflación
y la no deflactación del tramo estatal del IRPF,
de modo que actualmente, según los datos de 2024 de la Agencia
Tributaria sobre pymes societarias y no societarias (autónomos),
quienes trabajan por cuenta
propia pagaron un tipo medio de IRPF por los beneficios obtenidos del
21,73%, frente al tipo medio del 17,31% en el Impuesto de Sociedades
que afrontaron las pymes. Y
atendiendo a los últimos siete
años, los autónomos
han incrementado un 25% el tipo medio que asumen,
mientras que la subida que han vivido las pymes ha sido del 3%. Con
semejante realidad, el comercio
y el trabajo autónomo padece de forma injusta una mayor dificultad
para mantener la actividad y el empleo y una menor capacidad de
adaptación, inversión y modernización.
Además, se desincentiva el
emprendimiento y el relevo generacional,
con el consiguiente riesgo de
cierre de comercios que son
clave para la cohesión social y urbana.
Desde
una actitud constructiva y de colaboración institucional,
Confecomerç insiste en todas
sus propuestas sobre medidas orientadas a aliviar la carga fiscal y a
fortalecer a quienes trabajan personal y directamente en el comercio:
1.
Fiscalidad autonómica adaptada al pequeño comercio
Revisión del tramo autonómico del IRPF
para favorecer a las rentas procedentes del trabajo autónomo y del
pequeño empresario.
Ampliación de deducciones fiscales
autonómicas vinculadas al mantenimiento de la actividad, la
modernización del comercio, la digitalización y la sostenibilidad.
Incentivos fiscales específicos para
autónomos y comercios ubicados en barrios, centros urbanos y
municipios con riesgo de despoblación.
2.
Flexibilidad y apoyo a la liquidez
Aplazamientos y fraccionamientos de
impuestos autonómicos con condiciones más favorables para
autónomos y microempresas.
Medidas que tengan en cuenta la
estacionalidad de muchas actividades comerciales y de servicios.
3.
Reducción de cargas administrativas y tasas
Simplificación real de los trámites
administrativos autonómicos.
Coordinación con los ayuntamientos para
promover bonificaciones en tasas municipales que afectan al comercio
de proximidad (residuos, terrazas, licencias, ocupación de vía
pública).
Avanzar hacia un modelo de
administración más ágil y cercana al pequeño negocio.
4.
Impulso al comercio de proximidad
Refuerzo de ayudas directas y programas
de apoyo gestionados por la Generalitat, con especial atención al
comercio local y a los autónomos.
Políticas fiscales y económicas que
reconozcan el papel del comercio como servicio de interés general,
generador de vida urbana y vertebración territorial.
Pero
sin duda, es el Gobierno central quien tiene las competencias
en materia de fiscalidad, y de
quien dependen las decisiones que más directamente pueden corregir
la actual situación de injusticia: la
falta de deflactación de los tramos del IRPF
ha elevado la presión fiscal incluso sin aumentos reales de
ingresos, lo cual se traduce en pagar
más impuestos, aunque el poder adquisitivo no haya mejorado.