¿En qué, cómo ycuánto cambiará mi vidaa consecuencia de la epidemia?
Intentovisualizar el futuro próximo de nuestros días y aparece la ansiedad al pensaren cómo nos puede transformar esta pandemia, de a qué valores daremos prioridaden el futuro, de cómo evolucionará la economía, o de qué forma cambiarán lasrelaciones entre las personas y las sociedades.
En un momentoextremadamente complejo como nuestro presente, las opiniones muy diversas: lashaypesimistasy las hayesperanzadoras, pero entre ellaspredomina que nuestra sociedad serámás solidaria. En lo que todos sí estamosde acuerdo es: que nos encontramos ante un hecho histórico, en un punto deinflexión o en una curva cerrada al final de una larga recta.
Después de algomás de dos meses de confinamiento, ya se percibe la poca importancia queempieza a tener lo que ayer nos deslumbraba y nos damos cuenta de lametamorfosis acelerada que nos ha impuesto el virus.
Mientras tanto,nuestro personal sanitario se desvive por salvar vidas, la ciudadanía cuida desí misma y de los suyos, la administración intenta aclararse con tantoembrollo, maestros y profesores intentan estar cerca de nuestros niños yestudiantes “en la distancia”, y cada día se pueden observar admirablesmuestras de solidaridad en nuestra sociedad en general.
Debemos aprender de esta experiencia, serconsciente de que la vulnerabilidad y la fragilidad nos constituyen y eso nosconvierte en radicalmente interdependientes.
La pregunta queme hago es:¿qué echamos de menos desde que estamos confinados?Sobretodoechamos de menos la libertad de movimiento. Pero ¿para hacer qué? Vamos adetenernos a pensar si todo lo que hacíamos rutinariamente, por convención,porque había que hacerlo, merecía la pena.
Por ahora, hemosdescubierto el gran valor del conocimiento científico, el de un sistemasanitario público sólido y bien dotado de recursos, el de la educación, el deuna auténtica política que nos lleve a cooperar y no a pelearnos, el de quepequeños detalles son los que importan y saber quien a estado a nuestro ladocuando lo hemos necesitado. Sin duda, hemos aprendido que el teletrabajo puedeser muy eficiente y que leer o escuchar música es una opción nada desechable. Icomo no, también hemos descubierto el poder de los abrazos y el valor de las conversacionescon amigos y con nuestros mayores. Vamos a quedarnos con esas cosas buenas queel coronavirus nos ha dejado: Cambiar deprioridades es posible, sólo hay que querer hacerlo.