Ir al contenido principal

El municipalismo ante los retos del cambio climático

Robert Raga Gadea
Robert Raga, alcalde de Ribarroja. -EPDA
Robert Raga, alcalde de Ribarroja. -EPDA

Cuando todavía resuenan las reflexiones y los análisissurgidos al albor de la cumbre del Clima COP25 celebrada en Madrid, el exprimer ministro francés, el socialista Laurent Fabius, ha alertado sobre elcontinuo e incesante deterioro que azota a la naturaleza porque, a su entender,determinados Estados no cumplen los compromisos a los que están obligados envirtud del Acuerdo de París del año 2015 firmado por 180 países. 

Desde su atalayacomo presidente del Consejo Constitucional de Francia, el prestigioso políticodenuncia la grave responsabilidad que a su entender tienen aquellos presidentesque se empeñan en continuar con las mismas políticas sin tener en cuenta lasconsecuencias que tales conductas suponen para el medio ambiente. 

Las cifras ylos datos que estos días se han puesto sobre la mesa en la citada cumbre deMadrid son preocupantes para nuestro futuro más inmediato, aunque siempre hayun hilo de optimismo por donde asoma un halo de esperanza para que el mundo quehoy conocemos siga siendo el mejor para las futuras generaciones. Por tanto, enla balanza hay que colocar siempre los aspectos positivos y los negativos paraque el resultado final se ajuste, lo mejor posible, a la situación real. Tanimportante como proponer las soluciones es descubrir los fallos por los que nosestamos cargado el planeta tal y como lo conocimos en su momento.

Ciertamente,la toma de conciencia sobre el fenómeno climático que nos azota es uno de los asuntosa tener en cuenta para afrontarlo, pero no es el único. Además del mayorcompromiso de Europa frente a las teorías y actuaciones involucionistas de EEUU con Trump al frente, es necesario que los ayuntamientos comoadministraciones públicas más próximas a los ciudadanos podamos acometer unagestión basada parámetros transversales que tengan en cuenta la sostenibilidady la ecología en todo momento. 

Desde cambiar una bombilla en la vía pública quegasta energía en exceso y, por ende, provoca una contaminación lumínica hasta reducirla telefonía móvil o cambiar el sistema de alcantarillado para evitar fugas, todaslas actuaciones que realizamos los ayuntamientos tienen una consecuenciadirecta sobre el medio ambiente. Al margen de campañas de concienciación y de sensibilizaciónciudadana, es necesario impulsar políticas comunes entre todos losayuntamientos para que surtan el efecto deseado. Los consistorios son, en estatesitura, uno de los protagonistas que deben tomar un nuevo impulso para poderamortiguar el grave impacto que el cambio climático produce en nuestro día adía. 

Los Estados son esenciales en los nuevos compromisos ambientales. Losayuntamientos se convierten, de esta forma, en el motor ideal para aplicarlos. Todoslos cambios, modificaciones o nuevas orientaciones en nuestro proceder cotidianodeben consensuarse y explicitarse de acuerdo a un objetivo común: laconservación del mundo actual, aunque ya todo no volverá a ser igual. Lareversión se antoja difícil en muchos aspectos.

Quizásalgunos recuerden aquella vorágine urbanística de los años 90 y principios del2000 que modificó por completo nuestro ecosistema. Aquellos que se atrevían acriticar esos planeamientos fueron tildados de agoreros. Ahora podemos pensar inclusoque se quedaron cortos, por ello debemos sacar fuerzas para encarar con optimismolos retos del futuro. Es necesario reivindicar el papel de las administracioneslocales, sin tapujos.

Porello, ahora el denominado Green New Deal –una adaptación actual del famoso NewDeal de los años 20 a cargo del presidente Roosvelt para afrontar la GranDepresión de EE UU- se debe poner en marcha como eje clave para atajar a cortoy medio plazo las grietas que asolan nuestro ecosistema. Una disyuntiva en laque tienen mucho que decir los Estados, los ayuntamientos y los ciudadanos, unacombinación esencial en los tiempos que corren.

Sobre el autor

Robert Raga Gadea
Lo más leído