Naciones Unidas publicó un informe en el que avisaba de que se viene una “crisis masiva” de salud mental debido a la pandemia. ¿Cuál es su opinión como especialista?
El covid-19 ha dejado a miles de personas afectadas psicológicamente directa o indirectamente. A todo ser humano le “ha tocado” en cualquier ámbito de su vida y más si ha tenido que vivir una experiencia relacionada con la salud personal o familiar. Nuestra forma de vida se ha visto obligada a cambiar en un breve espacio de tiempo debido a un virus del cual aún desconocemos sus consecuencias a largo plazo y eso ya genera en el ser humano una crisis existencial y dudas de nuestro futuro más cercano. El virus ha corrompido nuestra realidad. Por lo tanto, muchos menores y adultos necesitarán la ayuda de un psicoterapeuta para superar ciertas circunstancias que estén viviendo a raíz de estas consecuencias. Como bien dice la ONU, debido a este aumento de posibles casos, es de necesidad urgente invertir y financiar en el departamento de salud mental para poder ofrecer un servicio adecuado de apoyo emocional a personal sanitario, pacientes y familiares.
Generalmente, tras este confinamiento hemos podido observar dos tipos de conductas totalmente opuestas. Hay personas que han atravesado un malestar notorio por tantos días privados de su libertad y que ahora que poco a poco pueden ir retomando la rutina, se vuelcan con el exceso de reuniones familiares y de amistades, compras diarias compulsivas, salidas de ocio y un largo etc. Por otro lado tenemos otro tipo de conductas relacionadas con el famoso concepto “síndrome de la cabaña”, que básicamente se trata de no querer salir de casa, miedo irracional a enfermar y ser enfermado, y no realizar ningún tipo de actividad social. Debemos de utilizar el mejor de los sentidos, el sentido común. Lo aconsejable es ir saliendo gradualmente de casa para continuar con nuestra vida siguiendo con las normas y protocolos que nos dictan los organismos oficiales para prevenir y continuar con la nueva normalidad.
Totalmente natural. Hemos dejado nuestra vida en pausa durante mucho tiempo, sin previo aviso y por circunstancias que nunca hubiéramos imaginado, por lo tanto, esto genera una especie de alteración para todos, y los cambios siempre provocan movimientos emocionales para las personas.
Dadas las experiencias que hemos tenido que vivir durante este tiempo el individuo puede desarrollar diferentes trastornos emocionales. Los más frecuentes que hemos visto en consulta y en los estudios más recientes han sido trastornos des-adaptativos, trastornos de estrés post-traumático, duelo complicado o no resuelto, trastornos de ansiedad y depresión.
Lo podemos identificar si percibimos que nos cuesta realizar aquellas actividades cotidianas del día a día que, antes del confinamiento, realizábamos sin ningún tipo de esfuerzo. Insomnio, cefaleas constantes, miedo al futuro, ansiedad continua son señales de alarma de que algo no está funcionando bien...
Simplemente el hecho de no acudir al colegio ya es un cambio novedoso que puede alterar las dinámicas en los niños. Enuresis, encopresis, problemas digestivos, pesadillas nocturnas, el niño o la niña verbaliza que tiene miedo de que le ocurra algo malo, lloros repentinos, irritabilidad son síntomas de trastornos emocionales. Por ello, tenemos que seguir un horario medianamente similar al que se llevaba anteriormente, tranquilizar a nuestro hijo y explicarle que vamos a estar ahí para apoyarle, intentar que jueguen con sus amigos o mantener el contacto con ellos a través de las nuevas tecnologías, que practiquen sus aficiones, continuar en contacto con el centro educativo...
Una de las funciones primordiales que tiene el psicólogo es la capacidad de escucha activa a través de sus conocimientos. El simple hecho de saber que una persona imparcial te está escuchando sin prejuicios, aporta una fuerza personal en la que se experimenta un alivio, desahogo y claridad de como seguir actuando. El ordenar y utilizar las herramientas, técnicas y recursos para gestionar ese malestar emocional que nos enseña el psicólogo es fundamental para afrontar esa problemática.
Por supuesto. Es fundamental. Es más que recomendable que los sanitarios estén bien atendidos y tengan unas buenas pautas de higiene mental. No sólo ayuda a descargar toda la angustia vivida sino a trabajar desde una perspectiva más sana. Durante estos meses hemos podido atender a profesionales de la salud: médicos, enfermeros, auxiliares, celadores… que están en tratamiento psicológico y farmacológico debido a ese estrés constante, fallecimientos de pacientes, muertes en soledad... Hasta tal punto que algunos de ellos, se plantean el cambiar de profesión porque no han sabido cómo gestionarlo.
A pesar de los beneficios y lo necesario que es acudir a un psicólogo en estos casos, lo primero que se debe de tener claro es, que la persona se tiene que ver preparada para ir a consulta ya que se explora sobre un tema muy concreto y reciente. Concretamente, el duelo es el proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una ausencia, una muerte o un abandono. Es diferente para cada persona. Se pueden sufrir diferentes síntomas emocionales y físicos como: ansiedad, miedo, culpa, confusión, negación, depresión, tristeza, shock emocional....Una vez la persona haya solicitado ayuda, el encuentro terapéutico y el apoyo emocional que recibe hace que este proceso se afronte desde una visión más óptima para cada paciente.
Depende mucho de las expectativas de cada persona. Aquellas que piensen a día de hoy en un posible rebrote, estarán más concienciadas si llegara a ocurrir de nuevo, si durante estos meses han sido conscientes estarán más preparadas mentalmente. Sin embargo, las personas que no se lo han planteado, ni le han dado la importancia que tiene, pueden tener reacciones más desanimadas y desorientadas y con negativa y rechazo a continuar con esta “nueva normalidad”.
Personalmente creo en los cambios y en la evolución. Y sí que es cierto que esto va a generar un nuevo paradigma en el funcionamiento y afrontamiento de muchas personas hacia la vida. No va a ser en vano. Pero, muy a mi pesar, también es cierto, que hay otro gran porcentaje de personas que tienden a valorarlo solo en situaciones límites y con carácter fugaz. Una vez todo haya pasado, no adquieren esos nuevos pensamientos sobre la importancia de su estado actual.
“En los momentos de crisis solo la imaginación es más importante que el conocimiento”, decía Albert Einstein. Siempre es buen momento para aprender. Muchas personas han aprovechado el confinamiento para hacer un “stop” en sus vidas, retomar su relación de pareja con más detalle, hablarse con sus familiares y compañeros… El ser humano debe de reinventarse para no estancarse. Es ley de vida.
A día de hoy, todos hemos desarrollado nuestra capacidad de resiliencia. Esta, es la capacidad que tiene el ser humano de recuperarse y seguir avanzando, tras haber pasado por una experiencia traumática. Gracias a ella, la persona descubre nuevas formas alternativas de afrontar su vida. La forma de potenciarla es estando en el “aquí y ahora”. No anticiparse ni estar constantemente pensando en el futuro. Valorar el presente. Recomiendo la lectura del libro “El hombre en busca del sentido” del psiquiatra Viktor Frankl, que habla sobre esto y más, ayudándonos a potenciar este mecanismo.