España, cada dos por tres, entra en elConsejo de Ministros de los viernes de una manera y sale de otra totalmentediferente, retocada, parcheada, tuneada. Talmente como cuando a nuestro monarcalo entran, con mucha frecuencia, en el quirófano (o el taller que le gustadecir con esa campechanía que le caracteriza).
Cuando SM sale del hospital, necesita demuletas y se le ve bastante hinchado (cosas de la edad, seguramente). Esaimagen es ciertamente gráfica para compararla con la España de hoy, vapuleada,cansada, con necesidad de apoyos, muchos apoyos, para seguir caminando. Y conuna cara inflamada por los duros golpes que nos asestan los mercados, losbancos y nuestros socios germánicos.
A Juan Carlos I, como al gobierno denuestra nación, también le ha picado el mosquito de la corrupción, y más queuna simple erupción, están teniendo ambos un fuerte ataque de malaria. Si mepermiten la gracia será porque algo “mal harían”.
La imagen y el símil, creo que son suficientemente acertados. Nuestramonarquía y España sufren exactamente las mismas dolencias. Y algo habría quehacer. Ceder la corona a un joven con ganas y preparación no es una mala idea.Ni tampoco lo es que los partidos políticos cedan las poltronas de sus cúpulasa otra generación.
Lo de la República y unas eleccionesconstituyentes no sería justo para un monarca tan campechano. ¿No creen? ¿o si?