Llevo varias semanas con el propósito de escribir artículosoptimistas en medio de toda esta barbaridad, y hasta ahora lo había llevadobien. Me había resultado relativamente sencillo encontrar un hilo del que tirarpara dibujar una sonrisa. Pero parece que hay gente empeñada en ponérmelocuesta arriba.
¿Por qué digo esto? Pues porque cuando tenemos que darel do de pecho del comportamiento ciudadano, hay quien está a punto de estropearlotodo con una nota desafinada y estridente. Y a mí, que llevo semanas insistiendoen que seamos positivos y no caigamos en el cortavenismo, me da mucharabia.
Me refiero, como imagino que los avezados lectores ylectoras habrán adivinado, a quienes se saltan las normas de seguridad como sila cosa no fuera con ellos, y se abrazan, se besa, se tocan y se apretujan comosi el virus no tuviera para colarse entre la estrecha distancia que guardanentre uno y otro. Con lo que no solo nos ponen en evidencia como sociedad, sinoque nos ponen en peligro, lo que es mucho peor.
Yo soy la primera que entiendo que las medidascuestan, Pero a quien le resulte penoso respirar con mascarilla, que piense enlo difícil que será hacerlo con un respirador. Quien no pueda resistir sincontacto humano, que piense en la soledad que sentirá en la UCI de un hospital.Quien necesite tocar y que le toquen, que reflexione sobre lo doloroso de quesolo pueda tocarle el personal sanitario vestido de buzo. Un pequeño ejerciciode imaginación que pude dar un gran resultado.
No nos hace ninguna falta otro confinamiento para conocernosa nosotros mismos, ya hemos conocido a esos vecinos de cuya existencia noteníamos ni idea, ya nos hemos aprendido de memoria el “Sobreviviré”, el “Resistiré”y ya tenemos el balcón como los chorros del oro. Y, además, como ya hemosaprendido a usar todos los sistemas de comunicación a través de las pantallas yhemos aprendido qué significa webinar, ya no podríamos sacar ningunaventaja de estar encerrados, porque podemos hacer lo mismo con las puertas abiertas.
Se suele decir que son los jóvenes quienes están dandola nota, pero ni estoy de acuerdo ni quiero generalizar. La estupidez humana notiene edad. Ni, visto lo visto, límites.
Hagamos el favor de no contradecir al señor de la OMSque ha dicho que España ha tenido un comportamiento ejemplar, no nos vaya a cogermanía y cambie de idea. Estamos a tiempo.