En estosdías tan revueltos en que nos ha tocado celebrar nuestra fiesta dela Comunidad, el Nou d´Octubre, siempre se me vienen a lacabeza un revoltijo de sensaciones dulces. A la cabeza, pero pasandodirectamente por el estómago.
Porquenuestra fiesta no nació con el advenimiento de las ComunidadesAutónomas, ni del Estatut d´Autonomia, no. Nuestra fiestaviene de mucho antes. De los tiempos en que todavía éramos unaregión, después de haber sido históricamente otras muchas cosas, yprobablemente de mucho antes.
Desde alládode me llega la memoria, recuerdo el 9 de octubre, día de SantDionís, como una bonita fiesta. En mi casa nunca faltaba laMocadorà, que mi padre regalaba a mi madre y que, al correr deltiempo, llenó el cajón de pañuelos y el corazón de recuerdos. Yme acuerdo especialmente de las frutitas de mazapán, que esperabacon ilusión, y de las que mi madre siempre me dejaba escoger. Mipreferida era la patata, recubierta de canela y con piñonessimulando las raíces, que es ahora la preferida de mis hijas y queles cedo como en su día hacía mi madre conmigo.
Ignoro dedónde viene la tradición de Sant Dionís, patrón de los enamoradosen Valencia, consistente en que los hombres regalan a sus amadas unpañuelo que contiene frutitas de mazapán y dos figuras típicas, lapiula y el tronaor. Las frutas y hortalizas supongo que simbolizanlos productos de la huerta valenciana, y el pañuelo debió ser pararegalar a la persona amada algo nuevo con que cubrirse de losprimeros fríos del recién estrenado invierno. Pero solo es unahipótesis. Seguro que algún historiador habrá dado con el origende un modo mucho más documentado, pero me quedo con lo que me decíami padre : “aquí no hay San Valentín que valga, aquí tenemosnuestro Sant Dionís, y desde mucho antes”
La verdades que el auténtico origen no es lo que más me importa. En estosdías me acuerdo de mi padre, de mi tierra y de sus costumbres, delas que me siento orgullosa. Y trato de mantenerlas, y que mis hijas,aunque ya sean mayores, no pierdan la ilusión a la hora de reclamarsu mazapán. Y también de que mi madre, aunque ya no tenga a mipadre cerca, no deje de tener sus dulces en este día.
Me parecemuy hermoso conservar las tradiciones cuando traen tan dulcesrecuerdos. Sobre todo, en unos días como los que estamos viviendo,en que parece que la dulzura no es plato de gusto. En unos días enque tradiciones e identidad cultural parecen usarse como arma decombate en vez de como elemento de unión.
Así queaquí me quedo con mis dulces recuerdos y mis dulces tradiciones.Compartiendo fruta y mazapán para quien guste. Y deseando que esospañuelos sirvan para cobijarnos y no para enjugarnos las lágrimas.
SUSANAGISBERT
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